Mi historia: El vacío del Corazón, Capítulo VII

Aquí les traigo el siguiente capítulo de la historia, ahora que finalmente lo he llevado a cabo debo reconocer que fue un poco dificil esta parte ya que los tres capítulo pasados estaba destinados para ser uno sólo. Se me alargaron mucho y eso hizo que se alargara un poco los acontecimientos. De todas formas no creo que haya quedado tan mal así que los invito a leerla y si es posible también a comentarla para saber que les pareció.



En este capítulo se situará el detonante que se convertirá en el verdadero motor de la trama. Ojalá puedan seguirla, si quieren hacérlo desde el principio aquí les coloco el enlace.





EL VACÍO DEL CORAZÓN



Capítulo VII: Escape



Tuve la oportunidad de ser diferente, de transformar mi  fétido destino y mi deseo solo ha servido para  acarrear la nube de muerte sobre los demás. Lo imperfecto, lo defectuoso siempre dará resultados  acordes  a su condición atrofiada. Desde mi comodidad deprimente busque un giro a mi vida, algo de ensalce a mi rutina hoy aquí en mi caída mas profunda  la vida se burla de mi osadía, de mi estupidez disfrazada de ingenuidad.

Pensamientos que inundan a un alma turbada, a una mente que constantemente  luchaba con un sentimiento de incapacidad, de impotencia y que se cree limitado de cualquier valor. Una persona que supo sobrellevar todas estas emociones, pero hoy la suerte o quizá el destino lo han obligado a sentirse vencido por fantasmas creados por si mismo desde que alcanza a tener memoria, lo hiere ver a esos seres imaginarios sin forma saciarse de su derrota con la burla, buscando dejarle claro cual es su verdadera naturaleza. Así ha vivido siempre el capitán Lynn, en un estado de negación de sus carencias.

Las risas y las burlas de su mente las escucha tan claras como si aquel oscuro salón fuera el escenario de una obra de teatro fallida.

Avispa la mirada en el salón duditabundo, su mente se cierra y deja de responderle como en ocasiones pasadas. Hay en él pensamientos depresivos y de autocompasión. Se sabe acabado, un cuerpo andante que sólo necesita una bala para alcanzar su destrucción completa. Dicha idea ya la había considerado en alguna otra ocasión, más la apartaba de inmediato considerando que era desleal, falto de valor y es que, aunque tenía claros sentimientos de inferioridad, guardaba un celoso orgullo, quizá falso también, además de un marcado carácter forjado en el seno de una familia religiosa.

- ¿Pero qué es Dios? Si existe tal hoy me ha dado la espalda. A él me aferré mucho tiempo, a su falsa bondad y juicio. – Se murmura mientras su vista busca fijarse en cada miembro de la sala. Matt muy cerca de él, ya vencido buscando descanso. Ve su rostro cuya imagen se desvanece y aclara al ritmo del baile somnoliento que una lámpara ofrece desde el centro de la habitación. El joven le inspira un sentimiento extraño, no lo entiende bien, hasta hace unas horas era su subordinado, podía ver en ese momento en los ojos del chico admiración y respeto que lo embriagaban y en el estado actual se pregunta cual es su lugar, cuantos escalones ha caído en aquella pirámide donde se sentía la cúspide.

En sus ojos hay un rastro de frialdad, se puede decir que de muerte, con ellos fija la atención aún más en Matt, como si aquella vista tenebrosa pudiera tener algún efecto sobre el somnoliento y jovial soldado. Lo ve frágil, falto de toda defensa, es un misterio lo que aquella mente articula mientras clava aún más la mirada. Más en una mezcla extraña de temor y sobresalto la aparta al escuchar un tosido de una reseca garganta que apartado en la esquina despide Lance.

El capitán respira exaltado, allá un poco alejado Lance hace guardia, se ofreció para permitirle a Matt un descanso después de un día muy pesado cuidando a Ralph, allí sentado con el arma al pecho no ha sido capaz de advertir su extraño comportamiento, pero le ha servido para abandonar y apartar esa rara situación en la que se estaba enfrascando. Ahora Lance ocupa su atención, aunque alerta no puede verlo ya que lo único que el mueve son sus ojos negros. Con ellos se puede sentir ese raro sentimiento que evocan, algo así como sensaciones contrastantes, idas y vueltas a la realidad, una lucha constante por tomar el control, al momento que su cabeza se sumerge de nueva cuenta en locos pensamientos. Se sabe en el fondo acabado, pero sobretodo se sabe parcialmente muerto, todo ha muerto en él, solo su cuerpo por cobardía se negó a aceptar su destino y hoy lo lamenta amargamente.

- Quisiera tener el valor para terminar, si Dios me quisiera me daría una nueva oportunidad, si apreciara en algo mi devoción no estaría sumido en un escaño tan podrido y fétido. Más no lo está, ya me lo ha demostrado, de hecho jamás lo ha estado. Ha renegado de mí y quien no lo haría ante un ser tan inservible, famélico e imperfecto. Quisiera tener el valor yo mismo, la fuerza para salvarme de las podridas ciénagas en las que me hundo. De Dios ya no quiero esperarlo, hoy anhelo más que nunca ese garfio al cual aferrarme que me libre de mi destino. Un destino que a cada hecho que llevo a cabo, a cada instante que transcurre se vuelve más infranqueable, se ha vuelto mi nido último de descanso, libertad y escape. – Piensa mientras decae.

Sus ojos no lloran, pocas veces lo han hecho, a veces por fingir ser rudo, en otras por la falta de un estímulo verdadero que lo amerite. Siguen los murmullos en su cabeza, las burlas, es tal la situación que su respiración aumenta de improvisto, como si una lucha en su interior se librara, una batalla por determinar el hilo de su destino. Las burlas le duelen tanto que voltea a ver incrédulo a sus compañeros, con un poco de resentimiento al imaginar que desde ellos se despiden, que se divierten de su estupidez. Allí es cuando viene a él un pensamiento, una clave para librarse de este embrollo.

Son dos las ideas que su pobre cerebro logró colocar a su consideración, las dos  igual de locas y cobardes, muestra de su debilidad disfrazada de altanería. La primera trata de buscar volver a su estado anterior, apartar de tajo cada una de las acciones que por suerte, lo cree, solo unos cuántos han sido testigos, eso juega a su favor, piensa. Su mirada infunde temor, como claro indicio de lo que imagina, ver  a sus soldados tan propensos lo hacen ver todo de manera distinta, despiden malicia. Faltos de pudor reflejan un poco de desvarío. Que fácil sería, seguiría igual muerto, como antes, pero podría volver al lugar que tontamente dejé para estar aquí. Mi dignidad deshecha, aunque sólo yo lo sabría y lucharía para regenerarla. Quisiera borrar este día, de la forma que sea quisiera eliminar todo lo que me lo recuerde, eso alejaría un poco la distancia con eso que sin duda me espera. El matarlos me daría vida, continúa mientras que respira hondo y sus ojos brillan. Sería mi renacer.

¿Pero que digo? ¿A quién intento engañar? Busco redención de la manera más estúpida, pero es que ¿Hasta donde ha llegado mi bajeza? Mi condición se acerca a lo ridículo y lo grotesco, buscar expiar mis culpas eliminando a aquellos han sido testigos de mi vileza, infamia, de mi nulidad, de mi perfecta incompetencia, como si eso al fin me liberará. Como si con tal acto pudiera borrar aquello que me produce asco, - sonríe un poco, una sonrisa de lástima y de nerviosismo por lo que esta pensando.  Solo existe una forma de borrar mi podredumbre.

- Un alma a quien Dios mismo ha abandonado no tiene ya motivos para sostenerse, un alma para la cuál su familia y el sobrevalorado amor nunca han sido su apoyo. Eso soy yo, un ser sin ningún apego, sin aderezo a su existencia y tontamente buscando reconocimiento, negándome a creer que de mi solo se despide mediocridad, destinado a estar permanentemente arañando el suelo mientras mi mente engañada se imaginaba acariciar el firmamento. ¡Vaya falacia! ¡Vaya atrevimiento! Debio haber pensado Dios entre burlas.

Los ojos del capitán Lynn lucen ausentes mientras todo esto se desencadena en su mente, faltos de brillo, parecen sin vida, como perdidos en la oscuridad, ensimismándose cada vez más, al tiempo que aquellas voces de su cabeza consiguen derrotarlo, hoy luce más vencido que nunca, convenciéndose mientras mas lo piensa de su insignificancia.

- He vivido al momento, sin metas claras autoimpuestas, viviendo con vaguedad y desazón bajo la dirección de otros, el afecto de una cariñosa madre no pudo opacar lo hiriente de la indiferencia de un duro padre, quizá buscaron moldearme a su antojo, más no pudieron darle forma a mi mente, la fuente de todas mis carencias y vicios. Ni siquiera el cariño, el deseo y el amor  de mi prometida lograron alentarme; aún ella un cambio impuesto no de mi elección. La única manera que encontré para transformar mi asfixiante existencia, vino a mi como un rayo de luz, un rayo de esperanza que me arrancaba de las garras de mi cruel destino, ese escape que siempre ha estado en mi camino, pero que en medio de mi sobrevaloro me negaba a consentir, esta guerra se me presentó como mi salvación. Imaginé la mano del Salvador compadecido ante mi inminente caída y me abracé a ese destello. ¡Qué estúpido!, sólo un ser anormal y con su mente en desvarío es capaz de encontrar en la muerte y la destrucción su dicha y alegría.

Las voces de seres psicodélicos lo han quebrado completamente, lo gallardo y orgulloso han desaparecido, no es que no sufra la muerte de sus soldados, es sólo que ha sido solo una gota más que derramó el vaso. Todo se ha unido para vencerle, se siente burlado por aquello que el llegó a ver como su esperanza, hoy comprende que no hay más lucha para él, ha perdido lo elemental: el deseo de vivir.

Ha pasado gran parte de la noche, se ha mantenido ajeno a su entorno y al paso de este, a la llegada del viento, al arrecio de la tormenta. Aquella sala semi iluminada no le representa nada, siempre ha sentido la amargura de la soledad, como un mal crónico, ausente de las alegrías de la vida  y bebiendo constantemente las tristezas, un ser deprimido, caído, destrozado y que ahora abraza su arma, una Colt M1911 que simbolizaba su rango y ahora no significa nada, da razón a sus temores que constantemente lo cuestionaban dentro de si; un error como él debe morir para escapar de la angustia, de la culpa y de la vergüenza.

Sus ojos cerrados desprenden lágrimas, cosa bastante rara en él, se dibuja una sutil sonrisa que deja ver resignación, cierta aceptación a una condena que ya conocía desde hace muchísimo tiempo, desde joven, pero que renegaba de ella. Lentamente abre sus ojos negros, muy apesadumbrados, contemplan sin ninguna extrañeza la primera claridad del nuevo día, abren de su sueño más profundo, aquel que lo transportó al centro de su humanidad y para el cuál no necesito dormir, aunque en ellos no se ve señal de vida desprenden destrucción, sus ojos no ven, pero han sido descuartizados sus deseos, anhelos, sueños, angustias, temores; todo aquello que creía de su pertenencia ahora se drenan en abundantes lágrimas, a pesar de todos sus defectos y carencias él se quería y hasta se amaba. Sus lágrimas caen al tiempo que finalmente mueve su mano llevando su revólver de manera pausada, sin prisa pero sin contratiempo, ya no hay nada en sus ojos ni en su mente.

Aquellos seres que lo atormentaban finalmente lo han dejado en paz, han cumplido lo que deseaban, él es incapaz de razonar, incluso cuando quita el seguro de su revolver y lo coloca sobre su entrepierna. Recoge sus rodillas para ocultar lo que se presta a hacer. Ni recuerdos ni alegrías pasan por su mente, un acto instintivo lo hace bajar su cabeza mientras no cesa su llanto, desciende hasta su frente tocar sus rodillas y hasta donde también lo espera el cañón desde donde saldrá aquella partícula que le ofrece la liberación. Traga saliva, solloza un poco y con un valor inusitado en él impulsa sus pulgares fuera de toda duda. Un impacto cimbra toda la habitación alerta a sus inquilinos, Lance y Matt por la sonoridad y cercanía del escándalo se alteran, uno despertando abruptamente de un profundo sueño, el otro quien siendo el guardia nunca lo notó, ambos se quedan completamente atónitos contemplando mientras los oscuros ojos del capitán Lynn ven fijamente incrédulos, temerosos, con cierto pánico hacia la pesada puerta de aquella habitación que acaba de ser azotada, abierta con furia. Allí la silueta de un hombre se dibuja, enorme, trayendo tras de si los primeros rayos del sol. Todo es incertidumbre y confusión y se acrecienta cuando con una furia similar arroja a alguien que traía con él, el capitán Lynn contempla como un frágil cuerpo vuela por los aires para caer pesadamente en el suelo sin desprender ningún ruido ni queja, ni el más sutil. Parece un trato cruel, mientras que en suaves y delicadas telas se eleva una cabeza de cabellos largos oscuros como el abismo. El Capitán es un caos de emociones y con sus ojos más abiertos que nunca ve como desde la maraña de lacios cabellos un rostro joven se asoma, con unos ojos claros llenos de detalles, pero que no son capaces de mostrar ningún tipo de reacción y emoción, aún cuando han sido sujetos a tal nivel de barbarie, solo buscan sin encontrar, acompañando al más bello rostro imaginado, pero que provoca un sin fin y contrastante cúmulo de emociones al estar palpada en sangre.

- ¡Atiéndala capitán Lynn! – resuena desde la puerta una voz conocida, pero totalmente transformada.

Al Capitán todo le parece irreal, mientras que voltea a ver temeroso esa silueta que también se asoma por la puerta. Los rayos del sol solo le permiten percibir la forma, pero identifica quien es, aunque duda que a él puedan pertenecer aquellos ojos tan llenos de ira, furia y hasta desprecio que lo atemorizan en sobremanera.


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El vacìo del corazòn por Rik se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 3.0 Unported.
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