Historia de la luna que adorna el firmamento: Cuento


Un cuento que escribì ya que es la faceta que me faltaba en un sitio que dice en el encabezado ser de ello :P Espero que les guste, quizà un poquito parco, pero de todas maneras es apenas mi primer intento y deseo mejorarlo.

La luna

Un cometa recorría el espacio impetuoso, amante de lo ideal, orgulloso de su estela, nació desde su núcleo con centellas de fuego la necesidad de amar, dejar su mundo de soledad y sentir una caricia, pero aspiraba hacerlo de manera perfecta, descubrir los secretos de experiencias de otros. Conoció, charló, relegó estrellas maravillosas encontrándoles un solo defecto, obstáculo suficiente para dar forma a algo tan bello. Vio pasar miles de destellos, más solo esperaba una; hermosa y alegre, fiel aunque fuese coqueta.

Un día apareció, nervioso aplicó todos sus encantos, seduciéndola con detalles logró conquistarla. Ofreció las virtudes presumidas para cubrirla con su manto. Se consideraba feliz al fin, dependiendo de ella para serlo. Sin embargo, ante el primer desencuentro descubrió que era capaz de inspirar cariño, pero imposibilitado de hacerse amar, siendo perfecto no soporto que su compañera se alejara al no concebirlo así, no era su complemento, esa había pasado ante sus ojos hace bastante tiempo, bastando una manchita que lució enorme para èl e impidiò reconocerla. Aquella estrella lo vería perfecto, aùn consciente que no lo era.

Sigiò andando, aùn con ànimo, pero perdiendo el impulso paulatinamente, aquel que el deseo de amar le irradiaba, lo notò con tristeza. Se sabia perdido y cada vez mas frio. Con una estela paupèrrima, que bailoteaba simulando la flama de vela a punto de esfumarse. Solo alcanzò a abrigarse en un sistema solar pequeño, aun infante. Podria arrastrarse hasta uno mas concurrido, pero no lo quizo, no desea nadie lo vea asi. Se dejò conducir durmiendo, ahogado en su desdicha y su derrota e incapaz fue de resistirse a ser un prisionero de un planeta joven, hasta que un dia desperto melancòlico, vio caos, vio desorden en aquella superficie frente a èl, fuego y hielo, pero tambien conociò la vida. La contemplò y admirò. Y sintiò la curiosidad para seguirlos hasta que despues de millones de años descubriò el amor, la entrega sin medida, abrazar defectos por considerarlos dignos en un ser tan especial. Frìo y seco contempla con sigilo, nos mira presuntuoso, a veces con desdèn, aùn desea amar y cada noche que pasa se arma mas de fuerza para encender de nuevo su nùcleo y recorrer el firmamento, ya no perfecto, mas bien consciente de lo opuesto. 

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