El Revòlver, Relato corto parte 2 de 2

Quise dar una pausa para colocar la segunda y ùltima parte del relato "El Revolver", ojalà que a alguien le haya interesado lo suficiente para leer la primera parte y que se anime a saber como se da el desenlace de esta historia. Ya lo tenìa completo desde entonces, pero quise aprovechar para poner los dos posts. Aqui en el post original, ahora pondrè tambièn esta segunda parte para que ya este completo. Los invito a leerlo para que me hagan saber que les parece y de la calidad de la narrativa, que debo aceptar lo hice demasiado acelerado. Ojalà les lleguè a agradar.










El Revòlver

Parte 2 de 2


Un sueño que pareciera muy lejano le trae una visión, se siente extraña, han sido miles de cosas las que ha vivido. La imagen en su mente del capitán Marco luce borrosa, lo cual causa extrañeza en ella. Escucha voces, ya no del trajín frenético de la batalla. Son voces alejadas con un tono y un mensaje indescifrable.

Con temor ante lo misterioso de la situación intenta abrir sus ojos. Estos se niegan a responderle, lo cual la atemoriza aún más. Lo mismo su voz, pero haciendo gala de una fe que la define consigue separar sus parpados, un esfuerzo bárbaro es necesario para conseguirlo, se han mantenido en tal estado mucho tiempo. Cuando finalmente percibe la luz de aquella sala se irrita su mirar. Lo hace pausadamente, ya está en condiciones de ver el blanquecino techo de la habitación. Acallada, en esos momentos intenta recordar como es que ha llegado a estar tendida allí. No es sencillo, pero al final le llega como un torbellino y como una desgastada cinta todas las situaciones vividas pasando ante ella. Es cuando vuelve la angustia, la tristeza y el sinsabor de este amargo despertar.

No recuerda a su amado, pero se acrecienta una preocupación por su estado. Levanta su mano derecha y nota los cables y las sondas que la mantuvieron con vida. Ahora su vista se ha aclarado lo suficiente y sus oídos pueden finalmente comprender de lo que se habla. Solo personas que cuentan sus vivencias y que están a cargo de su cuidado.

Su rostro pálido y de una belleza natural y enigmática dan muecas de extrañeza y acción al mover tenuemente sus labios para llamar la atención.

- ¿Dónde… estoy? – susurra tenue y débilmente buscando llamar a aquella mujer enfrascada en su interesante plática.

La mujer rechoncha es sorprendida por la inesperada intromisión y con pasos avivados y cómicos por su singular aspecto físico se apresura a atenderla.

- ¡Gracias a Dios ha despertado Señorita! – pausa para percatarse de la reacción de la decaída Elena, pero al ver la casi total indiferencia ante su jovialidad se pone en tono serio. – Se encuentra en el Hospital Médico Militar, ha permanecido aquí mucho tiempo después de ser herida…

- ¿Cuánto tiempo? – le interrumpe con la mirada buscando darse una idea clara de lo que hay a su alrededor.

- Mucho, cerca de 4 meses. Ha estado en coma inducida por el estado crítico en que arribó. Me apresuraré a dar cuenta al doctor que la ha atendido para darle la buena noticia de su despertar. – continúa y dibuja en su rostro una sonrisa genuina. Pero Elena no le da importancia a dichas atenciones. Siente una tristeza y amargura indescriptibles. Ahora más, sabiendo lo mucho que ha transcurrido desde aquel ataque, la idea de no ser capaz de ver de nuevo al capitán le arranca unas delicadas gotas a sus ojos que sutilmente se deslizan hasta acariciar la parte baja de su oreja.

Las muertes de sus compañeros las recuerda y las da por hecho, pero si ella fue capaz de sobrevivir la alienta a abrigar una pequeña esperanza. Una sensación distinta la recarga de ánimos y le hace dibujar en la unión de sus labios un destello de alegría, imagina que probablemente fue él quien le salvo de recibir aquel último disparo, que tal vez está afuera esperando ansioso su despertar.

Se incorpora sobre su cama ligeramente, y peina torpemente su cabello lo cual le hace recordar que aun sigue atada a aquellos aparatos molestos. Mas su rostro se desencaja vertiginosamente cuando al retirar la frazada que le abrigaba puede notar su pecho, sus ojos se abren completamente y su boca comienza a temblar mientras atónita lleva sus manos hacia él; ojos que se inundan cuando sus manos se postran sobre el vacio, sobre donde anteriormente su seno derecho estaba y lucía. Un nudo en la garganta y una sensación desgarrante finalmente la vencen por completo y la hacen romper en llanto llevando sus manos al rostro. No desea ver eso.

Ni siquiera la llegada del médico y sus palabras de seguridad de que estará bien consiguen tranquilizarla y en medio de los gritos y del llanto ante la impotencia de los sucesos finalmente es sedada.

Apenas unas horas después se encuentra aun tendida en su cama. Con la mirada perdida, ojos abiertos que no ven nada. No hay nadie de su misma sangre que la espere, no hay nadie mas que ansioso y preocupado espere su despertar. Y cada vez que piensa en alguno de sus amigos que acudirán tan pronto se enteren no hace más que recordar la amputación de su pecho para absorberla de nueva cuenta en la melancolía. Con pechos de tamaño normal, pero muy atractivos la falta de uno de ello, lo sabe, será muy notoria.

Nunca se ha caracterizado por ser una mujer frívola, mas tiene perfectamente claro que ha perdido parte de su feminidad, se considera una mujer incompleta.

Todas las cosas se han unido para derrotarme, para hacerme sentir la amargura de mi existencia. Mi familia nunca la conocí, solo creí que viviendo una vida recta podría aspirar a alcanzar lo que me propondría, a bordear todas mis carencias. Que alejarme de las calles, de los vicios y de la comodidad que mi apariencia me podría regalar me haría una mujer fuerte y plena. Hoy mis anhelos se han perdido, mi cuerpo lacerado y mi principal móvil para continuar desconozco cual ha sido su destino.

Llora, ya no de la manera enajenada y sin control que hace unas horas, pero la amargura se acrecienta más al transcurrir el tiempo y no tener noticias de su amado. Ella es consciente que él es su rescate. Porque de manera ciega le entregó ese titulo. No lo duda, cuando este en sus brazos se olvidará de todo, su sonrisa dulce adornara sus expresiones y finalmente podrá hacer realidad el sueño deseado miles de veces, pero llevarlo a cabo necesita saber que sigue con vida.

La puerta de la habitación se abre de improvisto, apartándola de las conjeturas de su mente. Y desde ella el rostro de la enfermera con una sonrisa entre afable y nerviosa se asoma.

- Tiene una visita señorita – le exclama con un tono condescendiente por haber sido testigo de la soledad de su vida aún antes de haber despertado. – Es un hombre.

Elena no se siente con la intención de ocultar su dicha. Una sonrisa desbordante le llena el rostro.

- Hágalo pasar por favor. – dice mientras que le responde con la misma expresión y con unos ojos que se limpian la humedad de tristeza. Quiere verse entera.

Sabe que es Marco que aun sabiendo lo que le ha ocurrido la aceptará, porque han estado cerca por mucho tiempo y este encuentro con la muerte los terminará por unir. Ya no planea esperar más, si el no es capaz de declarar su sentir lo hará ella. La duda los ha separado demasiado tiempo.

Se sienta en la orilla de la cama, y mientras ve hacia la ventana que da a un pintoresco jardín en su cabecera espera el momento de manera dichosa. Se maravilla de lo diferente que se ven las cosas simples dependiendo de la condición del corazón. Se retoca el pelo y se da un repase por la cara. Al llegar a su pecho su semblante alegre se transforma, pero no se permite decaer. Con ambas manos lo oculta, es algo que le causa mucha molestia, pero mas que otra cosa vergüenza, segura está que ya no habrá más.

El corazón le golpetea el pecho y puede sentirlo con sus manos que ocultan el vacío, cuando la mano varonil empuja la puerta de la habitación haciendo ese sonido característico. Sus ojos expectantes y deseosos muestran un contraste de emociones en tan pocos segundos.

- Hola Elena, me da gusto que al fin hayas despertado – habla con una voz ronca Oviedo, su compañero.

La chica no oculta sus emociones, es algo que le molesta de ella, pero no ha podido cambiarlo. No solo su decepción es evidente, sino también su vergüenza. Aprieta sus manos en el pecho y se da vuelta rápidamente, incorporándose y dando la espalda para asomarse al vidrio de aquel gran ventanal.

- Nos tenias muy preocupados a todos aquellos que sobrevivimos al fallido ataque, - pausa un momento esperando alguna reacción de la afligida convaleciente. Al notar el silencio molesto se dispone a hablar, pero es interrumpido.

- Lo siento tanto Oviedo, no he dejado de pensar en ello, no alcanzo a concebir que pudo salir tan mal. – contesta sin darle la cara, su voz enronquecida ante el pasar de los días tendida transmite un pesar hiriente.

- Si Elena, fue un desastre, nunca imaginamos lo que habían preparado para nosotros, jamás me pasó por la mente algo así. – clama con rabia mientras aprieta su puño con fuerza, la chica lo nota y se le hace una reacción muy natural, mas aún viniendo de un hombre visceral como lo es el agente Oviedo.

Con temor en su habla y un aire de resignación se presta a hacerle la pregunta. Sus compañeros muertos, sus amigos mutilados como ella y lo más importante en este momento en su interior, el estado de su capitán y gran amor.

- ¿Cuántos cayeron Oviedo? Quiero saber los nombres de mis amigos que murieron. – lo dice sin dudar un momento. Es una mujer fuerte y con mucho temple y sus palabras para quienes no la han tratado pueden sonar insensibles, no para Oviedo que conoce bien a esta mujer frente a él.

- Quisiera no hablarte de esto ahora, tu prioridad es restablecerte. Has pasado meses en cama…

- ¡Eso no es de tu interés! ¿De qué me hablaras entonces? Dime quienes murieron, - exclama con fuerza – Dímelo por favor. – termina mientras voltea su rostro hacia él con palabras quebradas por el llanto y su mano se eleva a limpiar sus lágrimas.

- ¡Esta bien! – Responde un tanto contrariado - en el ataque murieron 7 de nuestros compañeros, - pausa un instante por la dificultad del tema – Cayó Ramírez, Marcial, García, Ávila, Rivera…

La chica siente cada una de esas pérdidas, algunos compañeros desde la academia y todos ellos hombres extraordinarios, aunque su corazón tiembla en cada nombre, porque sabe que el escuchar uno solo la destrozaría; Villela es el apellido que no desea.

- Beltrán y Luna. – Termina – Ellos han sido los camaradas caídos ese día desgraciado.

El corazón de Elena palpita con furia, sus ojos voltean hacia su compañero, la pregunta es clara aún sin hacerla. - ¿Porqué el Capitán no está aquí?

- ¿Te preguntas por el capitán Villela? – le cuestiona para recibir un movimiento de asentimiento de cabeza de ella. A Oviedo le enfurece este hecho, sus ojos se llenan de coraje y de frustración. – Al ex Capitán le pasó algo peor que la muerte, ese perro nos traicionó.

- ¿A qué te refieres? ¿Por qué hablas así de él? – enuncia Elena sumamente contrariada y girándose completamente para estar frente a él. - ¿Qué te hace llamarlo de esa forma? – Voltea con la misma rabia de el agente, solo que con lágrimas ante su desconcertante actuar, su voz se vuelve seria para terminar. – Por Dios Oviedo ¡Habla!

- Se lo mucho que te dolerá escuchar esto, pero es algo inevitable, ya sea ahora o mañana te causara el mismo daño. – Le habla mientras no puede evitar ver su pecho, ella con determinación le clava la mirada en busca de respuestas y protege con sus brazos el busto. – Mira Elena, todos hasta tu misma fuimos víctimas de una terrible traición. Créeme que al igual que tu yo estaba contrariado y en medio del dolor por la pérdida sentí impotencia. Pero ahora todo ha quedado claro. Nunca fuimos capaces de asimilar porque nuestra unidad fue la única en acudir al ataque, nunca asentimos porque fuimos a parar justo donde el enemigo sorprendió por su eficacia. – Pasa su mano por la cara, le hace falta su habano – Todo fue un plan siniestro cuya mente fue Villela.

La chica no da crédito a lo que escucha, su boca quiere decir una palabra, pero tiembla ligeramente, lo que la hace pensarlo.

- ¡No te creo! – Grita con fuerza – No puedo creerte repite mientras que le golpea el pecho, mas por la angustia del momento. Por lo irreal que lucen los hechos. Él nunca podría, lo repite en su mente una y otra vez y sus lágrimas escurren de nuevo.

- Se que para ti es muy difícil lo que te revelo, pero ya no queda ninguna duda, todos nos sentimos como los mas viles de los objetos por lo que nos ha hecho. Hay compañeros que perdieron el brazo, no es sencillo hacerse a la idea. – calla para tomarla de los hombros y abrazarla, mientras que ella acepta su pecho, pero no le queda del todo claro.

Así, ese día Elena se entera de cómo ellos fueron usados como señuelo, que indignante, el convoy blindado no era para que ellos pudieran entrar, sino para que el poderoso narcotraficante lograra salir. Oviedo le da respuesta a cada duda que le va surgiendo. Parece más que claro, la entrada y salida del vehículo fue en un sitio donde estaban a merced de sus ametralladoras y la incursión del Capitán a la residencia de manera mas que cómoda y su pelea con el jefe delictivo no era mas que un engaño bien articulado culminado con la fingida toma de él como rehén para lograr escapar. Villela recibía grandes sumas de dinero por datos confidenciales, pero el nunca fue ambicioso, eso pasa por la cabeza de Elena. Ese día recibió la llamada del mismo “Rudy” de que había sido sorprendido y necesitaba un escape. Allí entrarían ellos, llevaría la pesada furgoneta para poder salir a través de los hombres que los mantenían confinados, debería ser rápido antes de la llegada de los militares.

Elena invita a Oviedo a retirarse agradeciendo su visita, no sin antes prometerle éste que la visitará constantemente hasta el momento de su salida del hospital.

La chica no podía creerlo, era inadmisible, ella conocía mas que nadie a Marco, creía conocer sus alcances, aunque siempre le desconcertó el hecho de esa mirada que en ocasiones parecía perdida, como imaginado otros lugares y momentos inalcanzables.

Esos días antes de salir le sirvieron para pensar, pensar mucho, la traición no era del todo clara. Lo amaba y se negaba a dar crédito de que esa misma persona hubiera jugado con su vida y con la de los demás miembros de la unidad.

Recuerda cuando acababa de conocerlo, cuando cursaban ambos la Academia, no puede evitar que sus labios dibujen una sonrisa de añoranza, que tiempos tan diferentes y bellos. Allí sentado tras de ella intentó jugarle una broma al tomar su mochila y pasarla hacia atrás a sus compañeros. Éstos la tomaron y se la llevaron volviendo la broma pesada. Marco nunca quiso eso, pues los demás aprovecharon para llenar su alforja de piedras y patearla en medio del patio. Elena nunca había llorado, pero ese día lo hacia de rabia, ante el desprecio de sus compañeros por su género. Marco entonces se hizo de golpes con ellos y aunque herido pudo regresarle su bolsa. Ella lo interpretó como un acto noble, pasando de tomarlo como gran amigo a su amor secreto. Algo que ella necesitaba para sostén es esos, sus momentos mas difíciles.

Su vida cambió, las cosas que antes la deprimían la llenaban de magia y alegría. Podía ver la lluvia como algo hermoso y memorable solo por haber estado en su compañía en un momento así. Vivía enamorada, recordando sus palabras cuando no estaba con él, añorando de inmediato siquiera poder verlo y extrañando con un sabor hiel al por una u otra razón dejar un día sin escuchar su cautivadora voz o sus atractivos ojos miel. El era perfecto para ella y era el engranaje que le faltaba a una vida vacía de amor.

Pero hoy ese noble sentir la hiere ante la duda, mas al ver su pecho producto de la indiferencia al amor que le profesaba. Pero en sus ojos una mezcla de esperanza y de justicia la mantienen viva y con el deseo ferviente de verlo de nuevo. Necesita asegurarse de que lo más bello que le había dado la vida merece ser arrancado de su corazón engañado.

Así pasan los meses, hasta que en una noche lluviosa, tres vehículos especiales de la Policía Federal recorren las transitadas calles de Durango, con velocidad tal sus mas de 40 ocupantes bajan apenas se detienen, al frente de ellos unos bellos ojos rodeados por una capucha, corta cartucho a su arma para prepararse a la incursión a una lujosa residencia de la capital. Sorpresa total, las investigaciones arrojan que ha sido descubierta la ubicación de uno de los capos mas peligrosos del norte del país, asesinó hace meses a “El Rudy” Maldonado para quedarse con su territorio, es sanguinario, metódico y muy peligroso. Varios federales han sido asesinados con claras señas de tortura, a toda costa debe ser atrapado.

- ¡Bueno chicos, ha llegado el momento! Que las puertas del infierno se abran si esos malnacidos no se rinden hoy. – Grita con una voz bella y muy femenina - ¡Despliéguense! – grita, seguido de un ¡Si capitán! Que se escucha sonoro ante el arrecio de la lluvia.

Los grupos de federales, usan sus escudos y caminan en formación de flecha, restringen cada salida posible y en ese instante su líder se pone al frente y con un grupo de cuatro inician la incursión, apenas derriban la puerta de madera de la residencia uno de sus compañeros es herido y la ágil oficial ordena a sus otros dos compañeros que lo pongan a salvo y que cubran el avance de los que entrarán. Su voz imponente se escucha minutos antes de que se inicie la lluvia de balas desde ambos bandos. Pero ella tiene un objetivo distinto y hasta egoísta, con su fusil de asalto y uso de granadas se abre paso hasta la planta alta del hall de aquella mansión, mata a cuanto enemigo se encuentra y en el instante de pasar por una habitación ve una imagen que la sorprende. Un hombre intentando escapar de tal infierno abre una ventana.

- ¡Alto allí! – le grita con autoridad y con un poco de nerviosismo. ¡Arriba las manos!

- Vaya Elena, ve el giro que dan las cosas. - le responde el hombre que abandona la intención y baja de nuevo su pierna de la cornisa de la ventana para ponerse frente a ella y cimbrarle sus sentidos, primero con aquella melodiosa voz que tanto amo, después con un rostro marchito y ojos desorientados. Tímidamente ve en el piso tirado, un paquete de cocaína y sorprende hasta donde la bajeza de sus actos. Todo le parece claro, ya no tiene preguntas, ni siquiera reclamos, sin embargo, una tristeza inexplicable hacen a sus grandes ojos conmoverse.

- Tengo tanto que decirte – le habla con su antigua deslumbrante sonrisa, hoy solo un remedo.

De reojo ve a un hombre salir desde un armario y no duda en abatirlo, al regresar, la figura imponente de Marco la paraliza por un momento, mientras que le toma su brazo elevándolo y con la daga en su otra mano la clava cerca de la axila de Elena, alejada de la protección de su chaleco, sabe muy bien donde atacar. Cae su fusil al inmovilizarle el brazo, pero no la libera, se quiere regodear de su acto. Elena llora, no lo puede creer, sus sueños debilitados por sus actos finalmente se hacen pedazos y él lo nota. Retira la capucha para ver su sufrir con placer.

- Vine aquí creyendo que aún había algo en tu interior que merecía ser rescatado. – le habla con una voz débil entrecortada por una dificultad para articular palabras. – Veo con tristeza que hay cosas para las que nunca se nos entrena. Tu para enfrentar esa maldita adicción y yo para enfrentarte. Nunca entendí porque lo hiciste y quise encontrar la respuesta, ahora es más que claro, al contemplar con mis propios ojos tu decadencia total.

- ¿Quieres saber porqué lo hice dulce Elena? – Le habla extasiado, con aun polvo depositado bajo su nariz, - Lo hice para crecer, para mostrar mi habilidad y poder ante los otros como yo, pero sobretodo para poder terminar con gente tan patética como los que representas.

- Lo irónico es que aún si volviésemos a nacer, te habría amado – le dice con balbuceos cuando una tosida saca la sangre por su boca que le impedía respirar, cosa que él toma con regocijo acercando su rostro – Y aún seria capaz de proteger tu vida ¡Aunque sea de ti mismo! – clama en el mismo instante en aprovechar esa confianza y girar su mano que Marco mantenía sujeta, para con gran agilidad liberar su brazo sano y desenfundar su revólver, detonándolo en su corazón para instantes después verlo caer. Ella cae de la misma forma, arrodillada, puede ver su rostro moribundo y solo por un instante viene a su mente una sonrisa y la seductora voz que la embriagaba, trayéndole bellos e inolvidables recuerdos, cuando se creía feliz. Así lo imagina antes de caer.


“En Mexico el líder de uno de los grupos delictivos mas sanguinarios y peligrosos; los Zetas, tienen como líder a Heriberto Lazcano, un antiguo miembro de los GAFES (Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales) del ejercito mexicano.”

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