Mi historia: El Vacío del Corazón.

Les presento una historia que recien comienzo. La temática puede ser que no les agrade al principio, aunque puedo decirles que tratará varios géneros. Espero recibír sus críticas y comentarios, ya que les aseguro que serán tomados en cuenta.  Es un relato que espero y  les guste, ya que iré posteando los capítulos siguientes.

 


Dedicada a Borradín por todas las alegrias que me hízo pasar.



VACÍO DEL CORAZÓN




Capítulo I: Decepción.


Un estruendo ensordecedor resuena en su cabeza en cada una de las explosiones, es un aullido constante, el cuál no puede detener; aún tratando de tapar sus oídos con todas sus fuerzas. Relame sus secos labios, agrietados por la acción de la sed y por el polvo que se ha dispersado por todos lados producto de las incesantes detonaciones que destruyen todo a su alrededor; y gracias a una especie de suerte no logran impactarlo. El rugir de un nuevo estallido mucho mas cercano que los anteriores lo hacen buscar una posición mas segura, abraza su fusil con mucha fuerza, alejando su mano completamente del gatillo. Sus aturdidos oídos solamente alcanzan a escuchar los ecos de los poderosos impactos que hacen retumbar el suelo sobre el que esta parado y los escombros de lo que en otro tiempo fué un imponente muro, y ahora son su único resguardo. Intenta pensar en lo que esta sucediendo pero su cerebro no se atreve, temeroso, aminorado, mudo. Trata de guarnecerse aún más sobre lo que hasta este momento había sido su principal escudo, recargando todo su peso en su espalda, intentando que por alguna extraña magia pudiera hacerse uno con el trozo de pared que le brinda su protección.

Sabe muy bien que lo que en este momento esta sintiendo no se lo puede permitir, aunque para una persona común este tipo de comportamiento pudiera serle normal y hasta cierta forma comprensible. Pero para él es algo impensable, jamás se hubiera imaginado verse envuelto en una escena tan degradante. Intenta reunir todas sus fuerzas y valor para lograr reaccionar ante esta denigrante situación. De forma exageradamente tímida y titubeante intenta quitarse el bloqueo mental que lo había atrapado ya en alguna especie de encanto, un conjuro maldito que consiguió destruirle todos los sentidos, arrastrando su mente gradualmente a un estado de aislamiento total de la cruda realidad que lo rodea. El temor y el miedo que yacen en su interior, hacen que el único movimiento que puede llevar a cabo; el de su cabeza, parezca realizarlo en cámara lenta.

Poco a poco gira su cabeza a su lado derecho intentando darse una idea de todo el caos que su mente ha intentado olvidar, intenta aliviar su reseca garganta tragando un poco de saliva, solo queda en eso, en un intento, ya no hay humedad en su boca, pareciera haberse ido toda a su cabeza. Sucias gotas de sudor recorren su rostro abriéndose paso a través del polvo que cubre su cara. Trata su mirada de observar el escenario en el que se encuentra. Una inmensa nube de polvo, que se ha dispersado por toda la zona, le dificulta mucho la respiración y nublan parcialmente su visibilidad. Alcanza a distinguir, aunque no de forma clara, una silueta que parece moverse. Ésta pretende hacerle alguna seña agitando su mano. Él parece conocer el significado que puede llevar el mensaje, aunque no lo interpreta de inmediato, este recuerdo parece haber sido víctima de la desesperación y el miedo que lo han invadido. Trata de ver con mas atención y de forma fija nuevamente. Cuando parece darse cuenta de lo que el movimiento de la mano intenta indicarle un caos se desata repentinamente. Ve como desaparece como por arte de magia aquella silueta que había llamado su atención. No hay tiempo de nada, antes de que su mente intente asimilar lo que sucede una ola de aire golpea su rostro, ese empuje de aire y de pequeños fragmentos pulverizados lo hacen que rápidamente aparte la mirada, cerrando sus ojos y girando súbitamente la cabeza, más por un acto reflejo que porque él lo haya ordenado.

Se produce entonces una lluvia de materiales diversos, caen como cualquier tormenta de granizo, en lugar de hielo se abalanzan sobre la superficie rocas y pedazos de escombros, algunos de ellos lo golpean, pero el casco y su propia indumentaria logran protegerlo. Con mucho esfuerzo obliga a sus ojos a ponerse en acción nuevamente, los abre lentamente. Quiere voltear de nueva cuenta la mirada, saber que sucedió con aquella silueta que lo llamaba. Estaba a punto de girar la cabeza cuando ve caer frente a él, entre el sinnúmero de trozos de madera, roca y polvo que habían sido proyectados al aire en aquella última explosión, un objeto conocido. Se congela cualquier movimiento que había intentado realizar. Un sudor frío comienza a recorrer su rostro ante la idea de que ese objeto que cayó a escaso metro y medio de su posición, sea lo que esta imaginando. Él esta seguro de lo que es; sin embargo, para confirmar sus sospechas baja lentamente la mirada. Miles de pensamientos y sensaciones giran ahora en su cabeza. Desea de todo corazón que haya sido un engaño a su vista lo que sucedió, anhela desesperadamente no encontrar tendido en el suelo aquel brazo que lo invitaba a recuperar la cordura.

Su desengaño es grande. La fuerza que parecía mantener erguido su cuerpo parece desvanecerse, aquella imagen que entro por la puerta de sus ojos, recorre todo su cuerpo cual letal veneno. Su cuerpo se siente derrotado, comienza a doblar sus rodillas de forma muy pausada. La lentitud de sus movimientos ahora se debe a un temblor generalizado que se ve reflejado aún más en sus manos y en su boca. Paulatinamente va deslizando su espalda sobre aquel muro, ya no tiene la mente para ordenarle a su cuerpo permanecer de pie, ni la fuerza física para lograrlo. Su campo de visión se va cerrando, enfocándose en aquella imagen. Su boca busca decir una palabra, pero no es capaz de pronunciar nada, su voz parece no responderle yá. Cierra sus ojos tratando de encontrar dentro de sí mismo un escape para toda esta pesadilla en la que quedó atrapado, ya está totalmente en cuclillas. Lleva su frente hacia sus rodillas; como buscando quedar en una posición fetal, como un instinto natural para sentirse mas protegido. Ya nada lo piensa, todo lo realiza con movimientos automáticos. En los pocos instantes que le lleva recargar su frente en sus rodillas, dentro de su cabeza se desenvuelve un remolino de emociones y sentimientos que chocan y giran en todas direcciones. Ve como aquello que contiene su mente parece irse en un tipo de torbellino cuyo centro engulle todo. Su mente se esta quedando en penumbras, solo un pequeño rayo de luz se mantiene aun aislado y rodeado por las tinieblas, pero también continúa desapareciendo rápidamente. De pronto algo hace que ese rayo de luz se expanda súbitamente, su cuerpo comienza a sentir una especie de toqueteo, también sus oídos parecen percibir sonidos familiares. Ábre sus ojos e incorpora la mirada al sentir como se sacude su hombro. Una clase de alegría lo invade de manera progresiva al ver un rostro joven que parece llamarlo.

-¡Capitán! Capitán! ¿Que le sucede? - Expresa el joven en un tono revolucionado sin poder ocultar la agitación que en un momento así se puede sentir.

Lo mira lentamente con sus apesadumbrados ojos. Apenas alcanza a reconocer su rostro que ha sido camuflajeado por lodo y sangre, y que ahora lo llama. Es evidente que él no buscó esta máscara, esta se la dieron las mismas condiciones; el polvo en el aire mezclado con el sudor y la sangre producto de la lucha.

-¡Capitán, conteste! – Le dice ahora en un tono más fuerte al no ver reacción. Con la mirada comienza a checar cada una de las partes de su cuerpo, buscando algunas manchas pintadas de púrpura que le indiquen si esta herido. Al no encontrar nada visible vuelve la mirada al rostro del capitán.

-¡Capitan! ¿Qué debemos hacer? ¿Cuáles son sus órdenes? – Dice el joven soldado con palabras que casi parecen gritos. Él escucha a medias lo que le dice; se propone llamarlo por su nombre pero por más que trata no logra hacer funcionar su voz. En sus ojos solo se puede ver miedo y desesperación. Del nombre que quiso decir solo escapan quejidos y tartamudeos, de unos labios que solo se mueven para temblar.

Al darse cuenta de esto el chico no puede ocultar en su rostro el desconcierto, baja la mirada sin mas razón que evitar que el Capitán note la gran decepción que en ese momento esta sintiendo, al ver como el una vez gallardo militar había caído a tal nivel de dejadez . El sonido de la batalla lo hace despertar de sus conjeturas y recuerdos. Sin embargo se ha dado cuenta que este hombre ya no puede continuar dirigiéndolos. No hay razón para continuar, todo lo que luchó parece inútil ante lo que esta a punto de hacer.

-¡No hay razón para seguir con esto Capitán, esto se ha convertido en un desastre. La misión fué un rotundo fracaso, vámonos, tenemos que salir de esta carnicería! – Dice esto mientras se incorpora, hace algunas señas con sus brazos y vocifera en voz alta tratando de llamar la atención. Un disparo impacta el montículo de escombros que los protege y desvía la bala que pasa muy cerca de sus oídos. El silbido de una ráfaga de metralleta lo hace agacharse nuevamente en busca de resguardo sin saber claramente si su mensaje fue escuchado.

-¡Es inútil permanecer aquí, terminaran destrozándonos! – Le grita mientras lo toma de la parte frontal de sus vestimentas. Con gran fuerza lo incorpora y lo zarandea con la intención de hacerlo despertar de su estado. Ve nuevamente en su boca el intento ahogado de pronunciarle una palabra.

- ¡Retirada, retirada! – Grita con toda la potencia que le brinda su voz mientras lucha con gran trabajo para llevarse a su capitán; el cuál trastabilla a cada momento y cae al suelo, su cuerpo parece ahora el de un inerte muñeco. Se le dificulta un poco el poder incorporarlo por la herida que sufrió en su brazo izquierdo, pero no cesa en su empeño. Se alejan de la batalla, mientras las ráfagas de la metralla parecen escoltarlos.




Capitulo II: Discusión



Todas esas escenas aún revoloteaban en su mente de forma incesante, aún profundamente absorto en sus sueños la imagen de aquel brazo mutilado continuaba persiguiéndolo; castigándolo. Fue en ese sueño donde se le había presentado por primera ocasión una pena que lo afligía en sobremanera, esta ocasionada por una idea que cada vez asimilaba con mayor seguridad. El brazo amputado y la muerte de aquel hombre tenían un solo artífice: El hasta entonces brillante capitán. Abre sus ojos de forma repentina, despierta de su sueño de forma brusca aunque sin mostrar su cuerpo ninguna clase de movimiento que indique algún sobresalto. Instantáneamente vienen a su mente aquellas imágenes que lo desconciertan, le parecen tan lejanas y extrañas. ¿Será acaso que tanta angustia, desesperación y miedo que vivió resultaron fruto de una amarga pesadilla? ¿Habría sido todo causado por el poder de su imaginación, por temores internos que lo habían aquejado toda la vida? miedo al fracaso interno, creando en el miedo e inseguridad.

Comienza a explorar con su mirada el lugar en el que se encuentra, lo hace con desgano, sin mover ni un solo músculo de su cuerpo, el cual esta tendido sobre una manta en el suelo. Solo sus vacilantes ojos negros recorren el techo, fija su atención en un viejo candelabro que cuelga de forma asimetría, parece que hace algún tiempo intento ser arrancado por la fuerza.

-No lo conozco- dice amargamente mientras continúa observando las paredes y los muebles que adornan aquel cuarto. Los muebles parecen ser de caoba finamente tallada a mano. El trabajo de grabado con detalles delineados casi perfectamente parecen indicar el sumo valor de los artefactos que adornan esta casa. Eso hace mucho tiempo, ahora se ve un lugar triste y deslucido. El lugar es sucio y descuidado, parece más por el abandono que por la desidia de sus habitantes. La habitación se ilumina súbitamente, lo cuál causa que sus ojos se irriten ligeramente, busca con sus ojos entreabierto el origen de ese destello que ha llamado su atención; un enorme ventanal de vidrios de colores opacos son los que filtran ese brillo. La mayor parte de los cuadros que conforman esa ventana yacen rotos en el suelo, nadie parece haber tenido el cuidado de recogerlos. Una densa y oscura nube vuelve a tapar el sol, y aquella habitación vuelve a ser envuelta en una cortina de parcial penumbra.Escucha algún tipo de murmullo de voces conocidas. Intenta agudizar sus oídos para lograr identificar las hablas y sus locutores.

-¡Esa ha sido la peor decisión! Ha sido una verdadera estupidez. Como pudimos dejarnos llevar tan ciegamente- Alega en un tono molesto Henry, mientras lanza violentamente su casco en aquel amplio salón. Era un hombre con rostro recio, alto hasta para la media de cualquier soldado; con un metro noventa y dos centímetros es un hombre que impone. - ¿Tu qué crees Rick? – continúa hablando al momento que golpea con su puño uno de los muros, conteniéndose una ira que se refleja en sus ojos. – Jamás estuviste de acuerdo con este insensato plan. – Concluye mientras voltea a ver a un rincón de aquella sala, donde se encuentra aquel soldado a quien llama y quien se mantiene cabizbajo, sentado y recargando su espalda sobre la pared.

- Pienso que aún no es el momento de hablar de esto, todos estamos muy afectados. – Dice mientras incorpora su rostro con una voz débil, casi quebrada, su rostro aparenta ser el más joven de este grupo, su cabello castaño muy desalineado por el uso del casco. Sus ojos grandes de color marrón claro parecen haber despedido algunas lágrimas en las horas recientes. Voltea el rostro recorriendo aquella sala intentando buscar los rostros de sus compañeros y amigos. Ellos lo observan y lo escuchan, dándole mucha importancia a lo que tiene que decir. Evidentemente le guardan mucho respeto a pesar de su corta edad.

- ¿Qué quieres que hagamos entonces? ¡Perdimos a Thomas y a Florián, y ve como ha quedado Ralph! – Replica de forma acelerada y un poco ronca Henry al momento que con su mano señala un cuerpo tendido sobre el suelo; inconsciente y con fiebre. Es claro que también se encuentra afectado por lo sucedido, es solo que lo refleja de manera distinta que sus demás compañeros; la violencia de sus ademanes y la fuerza en su voz es como demuestra lo que siente.

- Busquemos la manera de ayudar a Ralph, no me gustaría que muriera mientras estamos discutiendo. – Dice Rick mientras lentamente se incorpora. – Ya habrá tiempo para analizar la situación.

- ¡Tenemos que hacerlo ahora! Todo esto fue ocasionado por el dichoso líder que nos dirige. – responde Henry al tiempo que con rápidas zancadas cruza la habitación casi completamente para estar frente a Rick, quien evade la mirada para evitar el encaro.

- Creo que Henry tiene razón – habla con un tono indeciso uno de los soldados que hasta entonces permanecía sentado; solo escuchando la discusión. Su nombre es Lance, un joven de 27 años, de tez clara y cabellos rubios bien cuidados. – De alguna manera logró convencernos de realizar algo tan arriesgado. – Prosigue con una voz llena de amargura mientras recarga su cabeza en uno de los muebles en que se encontraba apoyado.

- ¡Ahora es fácil juzgarlo! Le contestan con ironía y reproche desde una apartada esquina que se encuentra un poco oscura por la falta de iluminación adecuada. – Pero no fuiste tú uno de los que más lo apoyaron. No digo que se le exima, pero hay que reconocer nuestra culpa en todo esto. – Concluye al momento que se aparta de las sombras para enfrascarse en la discusión.

- ¡No me vengas con esas tonterías Matt! – Contesta en tono molesto Lance - ¿Qué no todos estuvimos de acuerdo? ¿No todos creímos que sería un plan digno de nuestra unidad? Prosigue y toma al soldado de su vestimenta de forma tosca. – Eso fue lo que él nos hizo creer. – Concluye mientras manotea.

Ambos soldados están de pie en medio de aquel cuarto; sus compañeros observan atentos cualquier reacción que pudieran tener. Se respira la tensión del momento, el cuál inunda cada rincón del lugar y también afecta a cada miembro de aquel grupo. Matt es un hombre serio, en cierta forma tranquilo, es de menor edad que Lance y también son grandes amigos; sin embargo las emociones que los embargan los hacen buscar culpas en sus compañeros, como una forma de encontrar alivio para sus penas. Amigos a los cuáles sus remordimiento los carcomen y buscan de forma afanosa la manera de deshacerse de ellos, así sea tratando de imputárselos a los demás.

-¡Ya basta! – grita Henry, interponiéndose entre ellos y empujándolos para apartarlos. – No hay ninguna razón para estar peleando entre nosotros cuando a todos nos queda claro que hay un solo culpable; ese que llegó con su gallardo uniforme y con su porte elegante, y que se nos impuso como líder. – Continúa hablando al tiempo que señala con su mano a un salón contiguo. – Fue él quien con la armonía de su discurso y con la melodía de su voz, fue capaz de engañarnos. Me molesta como aludiendo al valor y arrojo de la Aerotransportada logro convencernos de realizar una acción tan absurda y loca. ¡Eso es lo que debemos juzgar! – Prosigue con su discurso mientras dirige su mirada enrojecida por una mezcla de ira, indignación y tristeza a Rick que lo escucha de reojo. – Él, quien con el encanto de su discurso fue capaz de llevarnos a esa carnicería. – Termina mientras que con su brazo limpia alguna lágrima que pudo haber resbalado de aquellos irritados ojos.

Se guarda una pausa prolongada. Cada uno de los cuatro soldados escucharon muy atentos su argumentación. De alguna manera aquellas palabras expresadas de manera ruda y un tanto tosca es lo que han llegado a sentir. Cada uno de ellos considera como una terrible traición el actuar del Capitán. Ya no solo la decepción de haber confiado en él, si no también que esa confianza haya sido pagada con la sangre y vida de grandes amigos y camaradas.

Rick se vuelve mientras camina a pasos lentos a una de las destrozadas ventanas, tomando su brazo izquierdo herido en aquella fatídica batalla. Con sus ojos marrones echa una ojeada hacia la destruida vista de la calle. Con su mirada triste solamente ve soledad y destrucción. Esa vista deprimente y la muerte de sus amigos dejan ver la amargura y tristeza de aquel momento. Tal vez nadie sienta las pérdidas como él. Thomas, un hombre firme, valiente y noble como el más grande caballero y Florián, el que se consideraba el alma de aquel grupo; un joven osado y que daba una importancia inaudita al honor, pero además equilibraba casi a la perfección la alegría y la simpatía que le brindaba ser el más joven de la compañía. Con apenas 19 años de edad se había convertido en su mejor amigo, pues contrastaba con su personalidad serena y calmada. Comienzan sus ojos a humedecerse y a desprender saladas lágrimas que se escurren a través de su cara, estos ven hacia fuera, pero su mente esta en un lugar muy lejano e imposible ya de alcanzar. En su pecho siente un enorme vacío, ahora éste se oprime y lo deprime al solo esbozar su rostro; la imagen de Florián ahora solo la tendrá en sus recuerdos y ahora han dejado de ser alegres para convertirse en amargos y llenos de melancolía. Un nudo en la garganta se forma al recordar aquel rostro jovial y con esa sensación en mente parece finalmente quebrarse, al asimilar que lo ha perdido para siempre. Nota como el ocaso se acerca mientras pasa la manga de su vestimenta por su rostro para secar sus lágrimas y traga un poco de saliva para desahogarse y comenzar a hablar. Lo cuál llama la atención de sus compañeros.

- Se que no ha sido fácil para ninguno de nosotros lo ocurrido en las ultimas horas. Hemos perdido a valiosos soldados y sobretodo a extraordinarios amigos. – Habla con una voz cadente y un poco desaforada al momento que pasa nuevamente la manga sobre su rostro. – Cada quien tuvo con ellos diferentes tipos de relaciones; cada uno tuvo la dicha de compartir con ellos experiencias, sufrimientos y sueños, fueron para todos grandes hombres; nobles y valientes. – dice mientras vuelve su rostro a sus amigos sin que sus ojos puedan contener el llanto. – A cada uno nos hiere y duele su partida, a cada uno de nosotros nos lastima su recuerdo; sin embargo, ahora no es el momento para establecer un juicio de lo sucedido. El dolor de nuestras perdidas ha hecho que nuestros sentimientos afloren y que nuestras emociones se encuentren a flor de piel. No podemos tomar ninguna medida, pues nuestros corazones han sido muy afectados el día de hoy y esto nublará nuestro juicio en el momento de tan importantes decisiones; nuestras emociones flageladas evitarán que la visión de lo ocurrido sea clara. Saben que soy de los más afectados por la relación tan cercana y añeja que lleve con Florián, me gustaría antes de continuar esta discusión llorarle a mi amigo y me gustaría que todos también hicieran lo mismo; porque sé que lo necesitan. Descansen y piensen bien lo que vamos a decidir, ya que será de mucha importancia. Dejemos esta discusión para un momento en que nos hayamos desahogado un poco. Creo que hoy en lo que nos debemos ocupar es en algo más importante: la vida de Ralph será ahora nuestra prioridad, no olvidemos que ahora el Capitán es el único que puede ayudarlo, enfoquémonos en esa realidad.

Todos asienten con un simple gesto, incluso Henry que parece haberse calmado; olvidándose temporalmente de la búsqueda de justicia. Pone la mano sobre la nuca y la masajea suavemente un poco mientras camina hacia el lugar donde había quedado su casco después de su impulsiva reacción inicial.

- Quiero que todos descansen un poco, mañana a primera hora decidiremos el rumbo que tomará la unidad. Habla Rick en el momento que toma un vendaje que guardaba en su mochila y la coloca sobre su brazo herido. ¡Matt, deja a Ralph! Por el momento no puedes hacer nada más por él. Ve a ver si el Capitán ya ha despertado para que pueda atenderlo, si no lo ha hecho permanece allí hasta que lo haga.

- ¡Claro Rick, iré de inmediato! – Contesta el joven con una voz alegre y un poco nerviosa. El había permanecido en todo momento junto al herido, había sido también quien lo había rescatado de las garras de la muerte sacándolo con mucho esfuerzo de la zona de combate. De unos 26 años de edad era un muy buen amigo de Ralph. De alguna manera siente alegría y alivio que tenga al fin un tratamiento adecuado; había estado temblando por los escalofríos producto de la fiebre. Había permanecido inconsciente, y los únicos sonidos que podía producir eran sutiles quejidos. Ahora estaría a cargo de un verdadero médico y aliviaría sus heridas y sufrimiento; cosa que el intentaba conseguir solo brindándole ánimos y apoyo.

Deja a su amigo tendido y se incorpora rápidamente, limpia con una manta sus manos y su rostro de forma apresurada. Sus ojos negros profundos observan a aquel hombre tendido sobre el suelo; sufriendo, y se da rápidamente la vuelta para salir de aquella habitación. Henry lo voltea a ver en un tono molesto, no con el chico, sino con el hecho de tener que necesitar de aquel por quien ahora sentía tanto odio.

-¡Henry! ¡Ven acá! Tenemos un asunto urgente que tenemos que tratar. – Dice Rick mientras con su mano lo invita a salir fuera también. Ha dejado sus cosas en su mochila y se dirige a la salida. Henry lo sigue y ambos dejan aquel salón. Solo queda en el cuarto Lance con un semblante apesadumbrado, recarga su nuca contra la pared y cubre su rostro con un trapo, aún así alcanzan a distinguirse pequeñas lagrimas que resbalan hasta su cuello, muestra del dolor que esta sintiendo.




Capitulo III: Discurso



Siente temor, angustia y también mucha culpa. Se sabe artífice de todo lo malo que le ocurrió a su unidad desde su llegada al mando, ahora sabe por lo poco que llegó a escuchar que han sido dos los soldados caídos por esa osada y mal lograda estrategia promovida por él. Le entristece mucho el destino de ambos miembros de su grupo, aunque llevaba poco tiempo con ellos había llegado a conocerlos y estimarlos lo suficiente. Sobretodo con el avivado Florián, le atrajo desde el principio su personalidad contrastante.

Escucha pasos apresurados y no puede evitar sentirse tan nervioso. La angustia le limita el accionar, mira nervioso a todos lados sin ninguna razón aparente más que la ansiedad que lo invade al no saber como actuará. ¿Qué palabras dirá? ¿Cuáles serán sus reacciones? ¿Aún es el líder? Todo pasa a segundo plano cuando de forma repentina se da la vuelta, colocándose de frente a la pared simulando estar dormido, al tiempo que escucha como los apresurados pasos han llegado al frente de la puerta de la habitación. La puerta se abre de forma brusca y un tanto atrabancada, un rechinido de la madera que recubre el piso de aquella habitación es todo el sonido que se escucha a cada lento paso que da Matt para acercarse al lugar donde esta postrado el Capitán. Se para frente a él, se guarda un silencio molesto.

– ¡Ca…capitán! Habla de forma muy nerviosa mientras se inclina un poco tratando de notar si aquel llamado logro ser atendido.

No pasa nada, continúa inmóvil, nervioso e indeciso, nunca en su vida se había sentido tan disminuido y poca cosa. No sabe como actuar, ni como responder; se ha ensimismado completamente, nota que la actitud que esta tomando lo ha hecho caer a uno de los niveles más bajos al que puede llegar un ser humano; ser totalmente indiferente ante la necesidad de ayuda de otro. ¿Qué pretendo quedándome aquí? piensa mientras presiona más fuerte sus ojos tratando de aislarse aún más. ¿Me quedaré aquí para siempre, simulando un sueño inexistente? Continúa divagando mientras nota que Matt se aleja. Respira aliviado sintiendo que la ha librado por ahora, su leve calma se ve afectada rápidamente cuando escucha como el soldado mueve un mueble de aquella sala para acomodar su cuerpo para esperarlo. Desearía estar en verdad herido o muerto para evitar esta sensación, esta humillación que me gané yo mismo. Piensa mientras que de la misma vergüenza toma valor para incorporarse lentamente. Lo hace con pesadez, como si despertara de un profundo y largo sueño. Matt rápidamente da un salto desde el mueble que le servía de asiento y se dirige hacia él.

– ¡Capitán Lynn! ¡Al fin se ha despertado! ¿Se encuentra bien? – dice el soldado mientras se agacha un poco para ver de forma más cercana a aquel hombre sentado sobre el piso.

– Sí, todo esta bien – Responde mientras voltea a ver hacia arriba a el rostro del soldado, colocando una mano sobre sus ojos para tratar de evitar la fingida irritación que le causa la pobre iluminación de aquel lugar. Este gesto de su mano y sus ojos entreabiertos es una forma que utiliza para tratar de ocultar el desconcierto que le provoca el no saber como actuar.

Salen de la habitación y se dirigen a atender al herido, camina indeciso, sin saber como desenvolverse ahora con esa pesada culpa. Había estado pensando mucho cuál sería su reacción al estar frente, hasta los que ahora, eran sus dirigidos. Aunque varias ideas rondaron su cabeza no pudo decidirse por alguna. No existe manera en que pueda aminorar la pena de mostrar tal cobardía en la batalla.

Al tiempo que se acercan a la habitación a la que se dirigen nota dos hombres que hablan de manera muy seria. Los últimos rayos de luz se cuelan por aquella abertura en el pasillo e impide que pueda percatarse de quienes se trata de manera clara, nota como mientras hablan con solemnidad uno de ello coloca su mano sobre el hombro del otro. Esto le causa curiosidad, pero teme realizar algún movimiento que pudiera llamar la atención, quisiera ser invisible y pasar desapercibido para todo mundo. A cada instante hace alusión a la idea de que debió haber muerto en el campo de combate y se reprocha aún más no haber tenido el coraje de buscar la muerte.

Finalmente Matt se detiene para girar la manilla de la puerta y abrirla lentamente. El capitán Lynn se dispone a entrar cuando de reojo ve como uno de los hombres sale del reflejo que hasta ahora los ocultaba y se dirige a él. Siente miedo y se pausa por un instante.

– ¡Capitán! Le dice aquella voz que se acerca – Me gustaría hablar un momento con usted.

– ¡Cla… claro! ¿De qué se trata? – dice tímidamente mientras turna su cuerpo de manera nerviosa y ponerse de frente a aquel soldado.

– ¿Está bien? ¿Cómo se siente? – pregunta Rick cortésmente, sabiendo de antemano que se encuentra sano. Él se da cuenta de su herida, pero no de su cuerpo, sino de su orgullo.

– Me siento bien, un poco aturdido todavía pero nada grave.

– Me alegra mucho escucharlo, en este momento lo necesitamos. Ralph fue herido durante el combate y necesita urgentemente atención.

– ¡Si Cabo! Toye (Matt Toye) ya me lo ha hecho saber. Me dirijo a atenderlo ahora mismo – dice al tiempo de ver el vendaje en su brazo izquierdo; no pudo notar por el estado en el cual se enfrascó, la herida sufrida por Rick, ni siquiera cuando lo sacó casi arrastrando del lugar de aquel lugar que seguramente sería su muerte. Esta conversación tan cordial le molesta en sobremanera. ¿Por qué un soldado como Rick no le hacía algún reproche? Él era de los que más se opusieron a su plan de tomar aquel puente. ¿Qué pretende? ¿Qué planeaba hacer en complicidad con aquel hombre con el cuál charlaba?

– ¿Quiere que le revise ese brazo? – En un tono muy sumiso y sutil, casi temeroso.

– No Capitán, esto ha sido solo un rasguño, nada de que preocuparse. – comenta al mover con un poco de trabajo aquel brazo. – Ahora me gustaría que tratara a Ralph cuya fiebre no ha parado. Me preocupa mucho su salud.

– Claro, me dirigiré a atenderlo de inmediato – dice con prestancia mientras que de manera nerviosa se limpia un sudor que inexplicablemente le escurre por su cara.

– Antes me gustaría comentarle algo – Replica Rick de manera seria, ya sin la cordialidad inicial – Quiero decirle que Henry y yo saldremos por algunas horas apenas caiga la noche.

Quiere preguntarle el motivo de la repentina salida, pero no quiere ser impertinente ni causarle ninguna molestia. Entiende de inmediato como le ha sido relegado su cargo; eso se intuye fácilmente desde el momento en que no le pide un permiso. Solo se lo comenta de una manera muy asertiva, y este mensaje lo entiende de claramente.

– No hay problema – comenta mientras asienta con su cabeza. Baja la mirada evitando la incomodidad ocasionada por mirada apacible y calmada de aquel joven.

¡Pffffff! Se escucha desde la ventana en la que ambos hombres charlaban anteriormente. Se trata de Henry, quien tratando de evadir cualquier contacto posible con el capitán Lynn, se encuentra viendo el atardecer por aquel ventanal, dándole completamente la espalda. Este sonido de Henry es un gesto de desaprobación hacia Rick, por informarlo de las acciones que realizarán. Él ha perdido todo el respeto llegado a sentir por ese hombre; lo odia y le molesta que una persona como Rick le tenga este tipo de contemplaciones y atenciones. ¡Esa basura no se lo merece, piensa!

– Bueno capitán, le encargo mucho el cuidado de Ralph, no me gustaría que nadie más muriera– dice al instante de dar vuelta para dirigirse hacia Henry para continuar conversando.

– ¡Gracias por lo de antes! – le exclama mientras lo ve alejarse. Rick voltea ligeramente, le hace un ademán con su mano y le sonríe amargamente. Fue un intento de sonrisa, el cual la tristeza, hizo que solo quedara en eso.

Entra a la habitación y se dirige prontamente al lugar donde esta tendido Ralph, la prisa es más por el nerviosismo sentido que por la preocupación de la salud del herido. Comienza a revisar su abdomen donde se ha colocado un vendaje improvisado para evitar la hemorragia excesiva. Thomas, el médico del equipo, había muerto, así que probablemente había sido Matt o Rick; intentando detener la perdida del vital líquido quien rústicamente lo había atendido. Lo retira lentamente para darse una idea de la magnitud de la herida. Rápidamente lleva sus manos al equipo de su mochila y comienza a atenderlo.

Ve su convaleciente rostro fijamente por unos instantes. Mientras continúa su labor, inevitablemente su mente lo lleva al momento en que él había sellado la suerte de Ralph, Florian y Thomas.

Su misión había sido un desastre desde el principio, el punto donde cayeron en su paracaídas era muy alejado del lugar de reunión, aunque este error también parecía haber sido su culpa.

Recuerda lo que sucedió en ese mismo lugar un día atrás.

– Esta es la situación caballeros. – Dice el capitán Lynn, orgulloso al frente de los miembros de su unidad, quienes se han puesto cómodos para escucharlo. – Aparentemente hemos caído muy alejados del área a la que habíamos sido enviados. – Continúa hablando mientras camina de lado a lado con ambos sus manos sujetas atrás, queriendo mostrar gallardía. – Si mis cálculos son correctos habremos aterrizado a 30 km de nuestro objetivo.

Los soldados se ven entre ellos con un poco de incredulidad.

– ¿Pero cómo pudimos alejarnos tanto de nuestra zona Capitán? – Le dice Lance visiblemente extrañado.

– Aparentemente las ráfagas de viento nos hicieron una mala jugada. Aquí en este pequeño mapa podemos darnos una idea de nuestra localización actual. Parece ser que caímos en el pueblo Liempde y todo parece indicar que el puente de este lugar está fortificado – mientras señala la pared en donde ha sido dibujado un improvisado mapa. Allí se señala la ubicación donde deberían aterrizar para tomar el pequeño puente de la autopista sobre el río Dommel, al norte de Saint Oedenrode. Era un punto estratégico para los Aliados, la 101ª División Aerotransportada debería tomar el puente, el cual ahora se encontraba a unos 30 km al sur de su posición actual sobre el mismo río.

– Me parece Capitán, si me permite comentarlo, que lo mejor sería bordear el río y llegar hasta Saint Oedenrode y reunirnos con la compañía, seguramente ya están en combate. Aquí estamos solos y no sabemos cuando recibiremos refuerzos. – Comenta Rick quien había permanecido callado escuchando, pero ahora una sensación desagradable lo molestaba.

– Podríamos hacer lo que el Cabo sugiere, – dice sin inmutarse demasiado – aunque no sabemos si encontraremos enemigos en el trayecto, el cual es muy largo. – Hace una pausa prolongada – ¡Lo ideal sería tomar el puente de este pueblo! – pregona efusivamente cambiando el tono de su voz. – Ante la posibilidad de reunirnos con los demás lo correcto será tomar una posición para poder fortificarla, y esa es este puente.

– No creo que sea una buena idea Capitán. – Comenta Henry con una voz segura – No veo la necesidad de arriesgarnos así, no sabemos siquiera como están armados ni su número ¿Qué haremos si nos sorprenden?

– Entiendo que pueda parecerles un plan osado y arriesgado, pero no podemos permanecer aquí sin provisiones por mucho tiempo. Es cierto que no conocemos bien el estado del enemigo. Pero esto también juega a nuestro favor. No saben de nuestra presencia, ni que alguien los está acechando. Nosotros tenemos una gran ventaja, al atacarlos sabemos muy bien lo que tenemos que hacer y como vamos a reaccionar. Ellos solo podrán actuar ante nuestras acciones, será este paso adelante nuestra principal baza para envolvernos en la victoria. ¡Yo iré al frente! Sobre la calle principal con un grupo de hombres. Nosotros atraeremos el fuego enemigo, los hombres restantes avanzarán a través de los edificios y las casas, flanqueando a la posición del enemigo. El objetivo no es derrotarlos, buscamos hacerlos retroceder hasta que crucen el puente y así poder instalarnos en su actual posición. Para eso inmediatamente después que ustedes inicien el ataque, nosotros iremos directo hacia el enemigo, aún entre el fuego incesante guiaré a los hombres para darles el apoyo.

Ve gestos dubitativos en los rostros de los soldados aunque eso le parece también algo bueno, considerando el plan en sí, muy arriesgado.

– Lo veo como un plan demasiado peligroso, es ir a ciegas. ¿Porqué no ir todos de manera sigilosa a través de los edificios semidestruídos? y así entre todos los flanqueamos. Si solo va una parte del grupo se arriesga a que el grupo que sirvió de señuelo no le brinde el apoyo rápidamente. – Habla Rick sin ocultar la preocupación al notar como sus compañeros están considerando esta loca idea. – ¿Qué pasará si el fuego enemigo es demasiado fuerte y usted y su grupo no pueden avanzar? – termina dirigiendo esa pregunta a los demás soldados también. Esta totalmente en desacuerdo con este plan y quisiera que sus amigos así lo vieran todos ellos.

Al Capitán parece comenzar a molestarle las intromisiones constantes de Rick, es su primera misión y acababa de ser asignado a este grupo. Debe mostrar la posición, la inteligencia y el coraje para llevarla a cabo. Pareciera con sus intrusiones buscar cuestionar su rango y liderato.

– ¡Le aseguro Cabo que la ayuda no les va a faltar, así sea arrastrando llegaremos a apoyarlos! –responde en un tono de superioridad, tratando hacerle ver a él y a los demás soldados quien tiene el mando. – Es necesario separarnos para llevar la sorpresa a los enemigos. Cuando nosotros nos hagamos ver, el otro grupo irá muy avanzado entre los edificios. El enemigo enfocará su ataque en nosotros pensando que nos han sorprendido; los sorprendidos serán ellos cuando sufran el ataque repentino del otro grupo sin llegar a saber de donde proviene. Ese es el engaño soldados, y en el campo de batalla este es tan importante que decide las guerras.

Se guarda un silencio. Parece haberlos convencidos, cree es el momento ideal para hacerlos unirse al plan. Rick intenta decir algo, él lo nota y pretende impedírselo.

– ¿Sabe una cosa Cabo? – Continúa hablando mientras voltea hacia la ventana y ve con melancolía hacia afuera – Usted y yo somos miembros del ejército Norteamericano, ambos compartimos habilidades y aptitudes similares por el tipo de entrenamiento que recibimos en nuestra formación. Pertenecemos a “Los Bastardos de la 101”, la elite del ejército, y no hay duda de que somos los mejores en este mundo; así lo demostramos en Normandía. Pero así como Usted y yo hay miles de soldados en nuestra División; cada uno con habilidades, cada uno con el poder suficiente para conquistar la gloria. Pero entonces, ¿Qué es lo que nos diferencia? ¿Qué es lo que hace que nos dividan en clases y en regimientos distintos? Todos somos iguales, sin embargo existe algo único en nuestro regimiento y que nos hace sobresalir de los demás. Hay situaciones de la vida en las que tus habilidades y aptitudes para la batalla no te servirán de nada, y esas en la guerra las encontraras muy frecuentemente. Habrá ocasiones en las que tu fuerza no será suficiente para sortearlas, en que por diversos factores sentirás que el esfuerzo no te alcanza, se como se siente estar así, se llega a confiar tanto en nuestras capacidades que cuando estas no bastan, nos sentimos solos, nos sentimos desnudos y muy vulnerables. Esa es una sensación amarga, crees que todo es desfavorable y es fácil caer en la desesperación, pero allí, en ese instante, será donde deberás sacar tu última arma; quizás es la más poderosa que cualquier otra y te servirá de aliada para darle lucha a esa situación hostil, y esa fuerza se llama “voluntad”. Esta es la más importante de todas y la que te ayuda cuando todas las demás parecen haberte abandonado. La voluntad es el principal soporte de cualquier soldado, es tan potente que es capaz de levantarnos de cualquier adversidad, de reanimar las fuerzas de cualquier cuerpo por destrozado que este haya quedado. La voluntad es capaz de levantar cualquier cuerpo moribundo y hacerlo luchar, luchar hasta que la flama de su corazón se extinga. Así se hacen los grandes hombres, los héroes y las leyendas, en cada uno de ellos se contiene una voluntad que parece no tener medida. Muchos creen que la fuerza, la valentía y el honor son las aptitudes que convierten a los hombres en leyendas, pero no es así. Una fuerza de voluntad grande te da la fuerza, te hace sentirte capaz de realizar cualquier proeza sin temor a nada. De la voluntad nace la fuerza, nace la valentía y el coraje, y por ende surge el honor. Todo esto es lo que te hará conseguir la gloria y lo que te transformara en un ser inmortal en la memoria de los demás, aún al final de tus días. El dolor es pasajero y nuestra vida es efímera, nuestro existir es tan corto que parece solo un suspiro para la vida en la Tierra, pero aún con esa fugacidad, podemos hacerla eterna si nuestras acciones perduran como recuerdos en las mentes de los demás. Nuestra gloria y nuestro honor no están detrás, esta siempre al frente, cualquiera que sea el destino que nos aguarde. Alcanzarlo nos costara sin duda un gran dolor, un dolor que en ocasiones será desgarrador, pero alcanzar esa gloria y poder tocar esa estrella que parecía tan lejana bien lo valen. La historia de nuestro pueblo esta llena de gente común, que con esta virtud llego a trascender los albores del tiempo y traspasarlo hasta la eternidad. Yo el día de hoy tratare de ser uno de ellos.

Rick busca en los ojos de sus compañeros, desea no encontrar en sus miradas unos ojos ardientes, estimulados por una excitación en sus corazones. La discusión continuará, pero ya todos han sido seducidos por un sentimiento de falsa invencibilidad.



Capítulo IV: Liderazgo


El cielo mismo daba gestos de estar abrumado al, el monótono manto oscuro cubrir todo. El paisaje mortecino, las calles en despojos, sin más adorno que su propia destrucción y viejos autos abandonados ahora terminado el crepúsculo se volvían invisibles al ojo, evitando impregnarlo con el sentimiento de desesperanza con la cuál agobian.

No sólo la luz se había despedido allá en el horizonte, sino que además un cúmulo de pomposas nubes encapotaban el firmamento con un avance apacible, empero, guardando en su interior desafiantes al caos y al tumulto. Aquello que infranqueablemente detona al chocarse entre ellas, cuáles poderosos acorazados impactándose buscando infringirse el máximo daño. Así amenazaba el cielo desde lo alto, con nubes de negrura atemorizante, transportadas por la creciente y ascendente acción de la brisa de la noche, y habían cegado todo en el pequeño pueblo, dejando caer su cortina lóbrega y haciéndolo parecer inmerso en la profundidad del mar ó de la hondonada de la caverna, ausente y privado del más mínimo destello. Era eso, la majestuosa luna y sus fieles y titilantes compañeras no engalanarían con su sutil baile sobre el firmamento esta noche. Los indicios de la tempestad han negado el regalo de la dulzura, pasividad, quietud y serenidad que su hechizante luz provoca, pero sobretodo, ha negado al pueblo de Liempde la claridad.

Ligeros susurros ahogados entre la ventisca dan constancia de la presencia de dos seres, ocultos entre las sombras. Apenas son perceptibles a escasos metros y aunque sus camuflados uniformes les resultan ideales bajo estas condiciones se desplazan titubeantes ante el sobresalto de cualquier sonido; un solo ruido que revele su presencia y los ponga como blanco del fuego enemigo. Habían sido muchas las heridas y pesares de aquel día por lo que una silenciosa y pausada marcha a través de la espesa penumbra pareciese simular un cortejo fúnebre.

Llevaban recorridas varias cuadras, aunque el principal inconveniente se había vuelto aquella limitada visibilidad. Incapaces de encender cualquier fuente de luminosidad que dejara su camino al descubierto, andaban casi a tientas y constantemente tropezando con desgajes abundantes de escombro producto de la destrucción de la batalla y que tapizaban aquella solitaria calle. Parece increíble que alguien se atreva a aventurarse en condiciones tan adversas, deben tener un objetivo clave e importante para arriesgar su integridad y hasta su vida de esta manera. El olor a muerte del ambiente y una profunda tristeza los acompaña, aunque parecen haberla hecho a un lado dando prioridad a su meta.
- ¿Sabes Rick? - le habla Henry con su voz susurrante - no me explico tu actuar con el Capitán, sabes mejor que nadie cuanto tuvo que ver para llevarnos a este catastrófico desenlace... Termina de una forma abrupta, al balancearse y contorsionarse su cuerpo a punto de caer al tropezar con un trozo de madera oculto por la invisibilidad en el suelo.

Rick voltea a verlo haciendo un gesto recriminador, aunque también inútil, apenas puede ver la silueta de Henry que con una risa burlona mezcla de pena y nerviosismo por el incidente se coloca a su lado. Ninguno de los dos es capaz de ver con claridad al otro. La penumbra convertida en vendas trunca su capacidad de discernir formas y el nerviosismo producido por el más ligero sonido comienzan a distorsionar su percepción.

- Ten cuidado. - Le dice un tanto molesto y a la vez con comprensión - Lo peor que pudiera pasarnos sería el ser descubiertos. Nos tendrían como animales en matadero. Se sigiloso y toma eso en cuenta cada vez que vayas a dar un paso.

- Lo siento. Tendré mas cuidado y evitaré cometer el mismo error - replica con un claro dejo de culpa. No deja de llamar la atención como un hombre tan grande y de abundante musculatura, torna su voz y actuar al momento de hablar con aquel joven.

- Esperemos aquí un momento, A estas alturas debemos analizar cuál será nuestro proseguir - susurra mientras que coloca su pesada mochila y fusil sobre el piso intentando ser lo más silencioso que su propia humanidad se lo permite. De forma titubeante se acerca a aquella esquina y asoma su mirada buscando darse una idea clara de los detalles abundantes en aquel escenario.

Aquella era la calle del terrible combate, pero una cuadra atrás, aunque invisible, el aspecto era desolador. Era una larga avenida, la principal del pueblo de Liempde, con edificios totalmente destruidos por crónicas luchas pasadas; iba en dirección al este hacia el puente, símbolo de la frontera entre la resistencia germana y las pantanosas tierras holandesas, allá donde atrincherados, los enemigos habían plantado su refugio. Este lugar desde el momento de pisarlo por primera vez le había transmitido un sentimiento amargo que ahora de manera exponencial crecía por ser el lugar de muerte de sus amigos. Edificios, casas y construcciones parcialmente en ruinas y que en otro tiempo fueron populosas viviendas. Ahora solo quedaban paredes en escombros, losas de concreto colgando totalmente vencidas. No era capaz de verlo, pero conocía a la perfección el color polvoriento y un tanto lúgubre de aquella zona. Cualquier color alegre y vistoso descansaba sepultado por una ligera capa de restos pulverizados producto de la refriega de las bombas y sus explosiones, y estas condiciones eran constantes en todo el trayecto hasta la guarnición alemana.

Rick avispa su mirada, más como acto del reconocimiento que porque pueda ver algo en realidad de la desolada avenida, oculta casi completamente en un mar de penumbras que ahoga todo el lugar y que a cada instante se agrava, al concentrarse a cada minuto de forma amenazante las pesadas nubes del cielo. Recuerda el sitio, pero comprende que eso no basta para aventurarse por allí. ¿Qué buscan en un lugar del cuál guardan tan trágicos e hirientes momentos? Es el lugar donde se transformaron las ideas que guardaban del conflicto, donde sus semblantes cambiarían para siempre volviéndolos más sombríos por las dolorosas pérdidas y donde sin notarlo habían modificado también su temperamento.

Se vuelve y pasa la mano por su cabeza pesadamente, la deja un momento masajeándola como un claro ademán de desconcierto. Se dirige a donde había permanecido de manera apacible Henry, ajeno a las miles de conjeturas de su compañero. Toma su mochila y se la vuelve a colocar en su espalda.

Entraremos en este hotel. Es imposible continuar en el trayecto que nos aguarda incapaces de ver nada. Hay algo en este lugar que siempre me ha turbado. - Habla al iniciar la marcha - El hotel tiene su fachada destruida, así que ingresar no será problema. Seria un error quedarnos aquí, en la intemperie de la calle a esperar a que aparezca un tanto la luna y con su resplandor aparte estas penumbras.

- Claro. - contesta Henry mientras le sigue el paso.

Apenas dan vuelta a aquella esquina y rápidamente ingresan en el hotel por uno de los muchos boquetes de su fachada, abiertos por un pasado bombardeo. Ya dentro se sientan un momento. Con la protección brindada por aquellas ruinas son incapaces de ver y de ser vistos.

- Aquí aguardaremos a que la oscuridad cese y nos permita seguir, no le veo sentido a continuar a tientas en tan peligroso escenario. - concluye mientras se postran cuáles delicadas aves anidadas ante la tormenta y asoma un poco la vista hacia afuera a través del agujero intentando inútilmente distinguir algo.

Un objeto a lo lejos parece balancearse bajo el desliz de la brisa despidiendo un seco y rechinante canto.

- Me parece increíble que, como humanos, hayamos sido capaces de conquistar la tierra con una vista tan pobre y limitada. - habla en voz muy baja con un tono molesto por no poder seguir con aquella encomienda.

- No me has contestado lo que hace minutos te cuestioné Rick, porqué tienes consideraciones con ese hombre después de todo lo que ha hecho. - habla apenas audiblemente, consciente de la situación en la que se encuentran, pero aún así de manera inquisidora.

Un silencio prolongado se apodera del lugar mientras en el exterior, el cada vez más potente impulso del viento con su inconfundible aullido, comienza a hacer estragos en el sereno devenir y la calma. Dentro de la derruida habitación la sombra es absoluta y vuelve imposible distinguir gestos o ademanes. Henry comprende que por el silencio guardado le irrita un poco la pregunta, aunque es algo que tenia que hacer, en su respuesta busca comprender los motivos que lo orillan a tener una visión tan contrastante con la que él tiene de los hechos. Quisiera que Rick también compartiera ese rechazo incontrolable que está sintiendo, buscando darle algo de validez a su hostilidad desenfrenada y cada vez creciente hacia el capitán Lynn.

- ¡Sabes Henry! Tal vez a mi corta edad hay algo que me ha quedado claro - dice de manera clara y calmada, contraria a la parquedad en las palabras que Henry hubiera podido esperar. - El honor y orgullo no son atributos que se te regalan, es algo que se adquiere. Tu no naces transpirando valentía; la obtendrás con acciones; a cada instante a cada momento. El capitán está destrozado debido a que ha descubierto que su mundo se ha derrumbado, que el orgullo del que fue dotado por su nombre se cimentaba en lo irreal, ha descubierto que en la guerra hay que labrarse su propio nombre y que no solo se atribuye a la asertividad y melodía con la que te expresas, sino a cada acción que realizas, a cada gesto que regalas.

- Tú te has ganado ese respeto Rick y lo has conquistado a pulso. - le interrumpe reconociendo su labor y encontrando en sus palabras razón.

- Y no ha sido fácil ser merecedor de tu confianza, ni la de mis compañeros. - dice a voz un poco mas alta buscando sus palabras sean escuchadas, las cuales se les pudiera encontrar un aire de pretensión, mas por la soltura del habla no es algo que busque conscientemente. - Tu guardas simpatía conmigo porque no te he dado motivos para lo contrario, pero se sobrevalora por el hecho de compartir una misma causa, un fin último similar. En la guerra miles de personalidades se reducen y simplifican a dos opciones opuestas, incapaces de aceptar un punto medio ni cualquier ambigüedad; aliados y enemigos encasillan las causas de nuestra lucha. Sin embargo, hay miles de mentes con distinto raciocinio, aún en el mismo país hay miles de razones que motiven el enfrentamiento, todas ellas combaten a su modo por cuestiones distintas y, aún así, cada causa es tan válida como la de los otros. - dice claramente sin su mensaje ser diseminado por el murmullo en aumento de la ventisca. – Valor y gloria no son metas fáciles de conseguir, al menos como lo dijo nuestro capitán, éste no se adquiere por el más bello y conmovedor discurso. Son cualidades que se templan cuidadosamente; se acuña el derecho de ser escuchado; se labra en cada acción, en cada palabra, en cada gesto y hasta en la simpleza del más sutil ademán se refuerza. Somos tan predecibles que en cada uno de estos detalles podemos descubrir nuestra verdadera naturaleza.

- Yo he aprendido ha admirarte – contesta en un tono muy solemne sin darle oportunidad de continuar. - Siempre haz sido capaz de demostrar inteligencia y vivacidad. Aún en las situaciones más complicadas, nos haz alentado siendo presas de nuestros más profundos miedos y temores. No se si llamarlo capacidad o don, más siempre me reconforta y da seguridad andar a tu lado. – termina, reflejando una admiración auténtica.

- Es algo que te agradezco, mas te pido que no me sobrevalores, no lo hagas nunca, ya que puedo tener los mismos defectos que hoy rechazas y aminoras. Has idealizado destellos de mi persona y los has maximizado y eso es nefasto, porque te hace caer en el mismo error una y otra vez. Se rebuscado a la hora de catalogar amistad y liderazgos, no te niegues ser selectivo, pues en decisiones como ésas radica tu seguridad e integridad. Permite a tu ojo ver más allá de las apariencias, porque nosotros somos lo que puedes ver y no lo que llegas a imaginar.

- Mmmm… - muge en tono molesto, empujado por un sentimiento de resignación por la manera en que Rick sale de la charla y también la manera delicada en la que escapa de la responsabilidad. - Buscas aminorar tu importancia y eso es algo que me incomoda. Ha sido eso lo que nos ha hecho caer en el estado en el que nos encontramos actualmente. Le rehuyes al mando cuando en repetidas ocasiones has mostrado tus dotes de líder. Ahora, ayudado por abundantes palabras lo haces nuevamente y además no explicas ni queda clara la defensa del capitán. – replica con un tono de voz cada vez más subido de tono.

- Ya habrá tiempo de sobra para profundizar en estos temas – contesta un poco agobiado y con preocupación ante el temor de que la charla se prolongue y pueda dar rastro o indicios de su posición al bando enemigo, los cuáles no duda que como centinelas rastreen los alrededores. – Una cosa te dejo clara, yo no tengo la potestad ni me atribuiré el derecho a juzgar sobre los errores de los demás. No soy quien para decidir sobre la vida y la muerte y, aunque sonará extraña mi afirmación en medio de este infierno en que nos encontramos y de la cuál somos los principales actores, infiero que hay una diferencia radical entre éste asunto y el fragor de la lucha. En el combate y ante el enemigo nos jugamos la existencia misma, así lo hemos elegido. Tu mismo has dado la potestad al contrario de tomar tu vida valiéndose de los recursos de que disponga y la misma atribución tienes tú; sin embargo, señalar una pena apartada de esa regla, implica ser consciente de tus actos y todo lo justo y válido de la sangre derramada en la batalla se pierde, ya que alejado del combate te conviertes en juez de la vida de otro. Tal vez suene tonto, pero es el último peldaño al que me aferro para soportar el asfixiante olor a sangre del que se han impregnado mis manos de todas aquellas vidas que he tomado, es mi escape del sofoco y la asquedad que a mí mismo me provoco. – su voz amarga y lastimera es auténtica, reflejo de una pena y agobio permanente en su pecho que le carcome cuando vienen a su mente los recuerdos. – El capitán aún tiene mucho que contar, en éste momento ha tocado fondo y descubrirá que sumido en el abismo en que se encuentra, su único camino es escalar hacia la salida, empujado por su orgullo. Y yo que ahora tomo la responsabilidad del liderazgo no le privaré de ese derecho.

Henry calla, con un sabor agridulce producido por la última intervención de Rick. Le alegra escucharlo tomar su posición de lider, en contraparte todo lo referente al capitán Lynn le amarga el ánimo. Acomoda su cuerpo y queda inmerso en sus pensamientos y recuerdos en medio de la tormenta que está por desatarse.




Capítulo V: Desconcierto


Sus susurros rozando el límite de lo audible suenan y resuenan transportándose a la profundidad de cada rincón del derruido paraje. Sólo el golpeteo incesante contra los muros y vidrios rotos son capaces de con su arrullo camuflar sus hablas hacia el interior, en el exterior sólo el viento recorre libre en este territorio hostil. Rick imagina por un minuto ser una brisa, un suspiro capaz de transportarse por el aire con toda libertad y no ser tan propenso a la bala enemiga. 

- No tengo el valor de poner en una balanza la vida de… - No culmina, un impacto en la edificación del lado contrario a la avenida le hiela el corazón. Hace gestos a su acompañante sin ser vistos en aquella ceguera total. Aún así, aquel extraño sonido también cimbró sus oídos y cesó por instantes todo movimiento. 

- ¡Shhhh! – chistea delicadamente Rick envuelto en un inmenso mar de incertidumbre mezclado con temor. Siempre había tenido su Thompson listo para la acción, más se ha prometido, por la naturaleza de la misión, pasar por aquel sector totalmente desapercibido. Al menos hasta completarla. 

Delicadamente asoma la mirada, previendo tal vez el ser sorprendido por una linterna que apartara las sombras absolutas y revelara su posición. Ligeramente aliviado distingue entre la niebla cada vez más densa del paisaje la total ausencia enemiga. Al menos si se encuentran en el edificio de enfrente, no intentan llamar la atención. Tal vez busquen sorprendernos, piensa. Respira profundo. 

- ¿Qué sensación tan desconcertante? ¿No lo sientes tú Henry? - Exclama discretamente pasmado. 

- ¿A qué te refieres? – contesta aún más extrañado por la alteración tan notoria en la voz y en la actitud del soldado. 

- Este lugar me causa escalofríos desde que arribamos, imposible es ser indiferentes a la viciada aura que se puede respirar. – continúa al prestar atención con detenimiento a la oscuridad abundante en la calle, sin poder imaginar aquello que se pudiera esconder inalterado a sus ojos a escasos metros. – Es una sensación incomoda y hasta asfixiante, me perturba cuando estoy en la quietud de la soledad y me oprime en la algarabía de la compañía, en la vivacidad del día o en la tranquilidad de la noche, afectando más allá del límite de mi sueño. Pasa su mano por su cara pretendiendo retirar de sí las miles de ideas que, cual tiraje de imprenta, circulan por su cabeza. Sus ojos ven lo invisible, pero su mente articula situaciones locas, raras o hasta perversas. 

- ¿Por qué hablas así? – le interrumpe muy incomodo con la tensión creada por la repentina actitud de Rick. – Yo no noto más que los estragos de la guerra. La destrucción absoluta de lo material al ritmo de poderosas bombas y la desolación y amargura de lo espiritual y las emociones cuando se resienten pérdidas de seres cercanos. – Pero esa es la naturaleza de la guerra – continúa mientras se acerca a él, inquieto por la semilla que ha brotado en su ser por la logrevidad de sus palabras. – Así es en el mundo en que nos desempeñamos día a día y a estas alturas y después de años de lucha ya no debería sorprenderte. 

- Esto parece ir más allá, inició cuando aterrizamos en esta tierra, la ansiedad constante. He aprendido a ser indiferente al olor a muerte, a la sensación de asqueo al percibir tu olfato la carne humana achicharrada, la podredumbre del cuerpo a días de haber expirado su último aliento – prosigue con serenidad, pero con temor verdadero que rara vez era capaz de exhibir. – Más aquí se respira una esencia de muerte rodeando todo el pueblo. Tal sensación vuelve más grisáceos los restos, las ruinas; aún afecta a las construcciones en pie. Hace sentir que un ojo te observa a través de los ventanales, desde la bajeza del matorral y desde las alturas de los arboles. Un ojo que no puedes ver; sin embargo, tal vez se oculta en el mismo aire y te observa de frente. 

Hacen una pausa prolongada, la cual sólo aumenta la pesadez. Desconcertado hasta la última fibra de su cabello busca Henry, allá donde se dirige la mirada de su compañero la causa y detonante del drástico cambio. No ve más que la total ausencia de formas y vida. Aunque sus ojos son incapaces de notar lo que la mente de Rick si, una inexplicable ambigüedad de sensaciones. 

- Sabes, ¿Porqué no dejarlo para mañana? – Le responde ya con su cordura un tanto trastornada y con el habla que despide nerviosismo, pues la tensión creada puede cortarse con una daga. – Mañana podríamos dar la señal y ejecutar todo esto como la norma lo manda. Arriesgamos demasiado al exponernos de esta forma y… 

- ¡Imposible Henry! – apresura a contestar en un tono exaltado y demasiado elevado para la quietud del momento y de la situación; el escrutinio en la que se está llevando la misión. – Ha sido precisamente esa sensación angustiante la que nos tiene aquí. La pesadez y sofoco abundantes hace que con la mayor prestancia recuperemos los cuerpos. Hay algo desagradable e irritante en nuestro entorno. Llegando apenas, noté la ausencia visible de vida, un agobio mezquino logró inquietarme y por más que busqué alguna persona no pude hacerlo. 

- Millones de personas son desplazados por los conflictos Rick, ese es un distintivo de las zonas de combate. – replica buscando dar tranquilidad con sus palabras más que razonables, por un momento creyó que el hábil y sereno soldado había visto algún especie de ente sobrenatural que lo había orillado a actuar de forma inusual en él. 

- No fue sólo eso Henry - contesta ya más tranquilo y olvidándose de contemplar la oscuridad del exterior, poniéndose frente de su amigo; busca darle seriedad absoluta a lo que está por señalar y como ayudado para crear aquella atmósfera, el paso del viento arrecia y comienza a escucharse pequeños proyectiles que sutilmente impactan la superficie desde las nubes donde suspendidos permanecían apacibles. – Mi inquietud se agravó cuando advertí con desconcierto la ausencia de cuerpos. – pausa un momento para indagar hacia el exterior el aumento de la llovizna que a apresurado paso se está convirtiendo en un vendaval, que junto con el vértigo produce un sonido que resuena en todo aquel territorio. 

La pausa sirve para que Henry recapitule un poco lo que acaba de escuchar. 

- Es cierto… yo tampoco he visto ningún cuerpo, ni rastros siquiera. 

- Y se vuelve en un verdadero enigma al considerar que para la destrucción a la que se ha reducido el pueblo y la que hay en esta misma calle donde recién luchamos y que está en ruinas, cientos de hombres debieron haberse enfrentado. La ausencia de un cementerio ó hasta una fosa común envolvieron mi inquietud en un total misterio. Si hubo muertos estos no están sepultado, al menos no de este lado del puente y no creo que los hayan llevado hasta allá ya que aún sin enemigos en los alrededores no hay porque molestarse en transportarlos hasta aquel extremo pudiendo fácilmente incluso incinerarlos, pero ni de eso hay rastros. 

Henry da validez a las conjeturas de Rick que apenas minutos antes le parecían paranoicas. El olor a polvo abundante depositado en el sitio lo transporta por un minúsculo instante, al recordar cuando, para vivir, tenía que laborar incesantemente arriesgando su vida en las ricas minas de minerales de Massachusetts, sin duda el mismo olor a muerte percibía aquí, so más viciado aún. 

Una ciudad en despojos, remedo de la brillantez que un día pudo poseer. La soledad del parque, la amargura de los negocios y la mortandad constante ahora lo aquejaban de la misma forma y lo hacían temer. Un hombre que jamás le había rehuido a la muerte, ofreciendo su vida en cada lucha por proteger un ideal: su país, su libertad siendo amenazadas por la inexplicable ambición alemana. Sin nunca dudar se jugaba el alma, recargando de valor la imagen que su mente le brindaba de su joven esposa recibiéndolo, guardando en sus brazos a su pequeña niña, sonriente después de su triunfal regreso. Más hoy teme como nunca antes, después de cientos de proezas en el arte de la guerra muestra de su coraje, teme a lo incierto de las condiciones, al poco común desarrollo de los hechos, a ese punzante malestar que Rick ha compartido con él en medio del ahora tétrico paraje. 

- Se ha vuelto esencial recuperar los cuerpos de nuestros amigos, es una prioridad ante el repentino giro en el devenir de las cosas. – irrumpe Rick sus pensamientos. Mi mente no hallará tranquilidad hasta que les regalemos una digna sepultura, merecida por tan nobles guerreros. – prosigue con habla ronca y vacilante por la triste emoción. 

Los instantes consecuentes vieron aminorados sus ánimos, las respiraciones hondas de los soldados por el vaivén de emociones dan cuenta clara de lo que son sus ocultos gestos. Aún acaecido por el cúmulo de sensaciones Henry puede percibir claramente el silbido apacible que en muchos momentos le había escuchado a Rick, era una delicada melodía plagada de tintes melancólicos y alegres a la vez, esa divergencia hacía imposible olvidarla, para el locutor significaba letargo, espera y tranquilidad. Lo hacía hundirse en un sueño fantasioso al que acudía para aminorar una espera, casi antes de iniciar un ataque. A Henry le producía también un desentono, pues sabía bien lo que significaba. Contrario a sus conjeturas el jovial soldado no pierde la compostura, aún después de haber despertado en él la preocupación a lo enigmático. 

- ¡Ahora es el momento! – clama firmemente, lleno de determinación, ayudado desde el exterior por la algarabía desbordante de la lluvia y por los cada vez más cercanos gritos del cielo, los cuáles con destellos que serpean entre las nubes amenazan desatar su furia con atroces estruendos. 

- ¡Si… vamos! Asiente aún contrariado por la repentina puesta en marcha. – más, difícil será seguir sin ver en la todavía densa penumbra. 

- No te preocupes, recuerdo casi a la perfección cada rincón de éste lugar. Después de lo aquí acontecido dudo poderlo olvidar. – termina al tiempo que coloca su mochila y toma su fusil Thompson con firmeza. 

Henry escucha su voz excitada, no por la sangre y la lucha, sino por lo angustioso y misterioso de la encomienda. Intuye lo que tiene que hacer y también incorpora el hasta entonces encorvado cuerpo. Hay algo en Rick que siempre ha admirado, algo más allá de su inteligencia y sagacidad, de las cuáles en varios eventos del pasado ha sido testigo; sin embargo, su mayor cualidad ha sido su temple en los momentos de mayor agobio y premura, rara vez se exalta y pocas veces se deja enceguecer por sus escondidas emociones. Siempre pareciere ir un paso al frente en cada decisión y Henry ha aprendido a reconocerlo y respetarlo, lo cuál lo haría seguirlo hasta el mismo nicho enemigo si así lo sugiriere. 

- Escúchame bien Henry, sea lo que sea que nos espere más adelante nuestro objetivo es claro. Nos infiltraremos hasta el sitio donde tendidos quedaron los cuerpos. La lluvia se ha vuelto nuestra aliada. – habla en tono más legible ya que la mezcla de lluvia y viento han dado forma a una cellisca chilladora que han ocultado sus firmes palabras y arrecian aún más, tal vez extrañamente complacida por su mención. – Apenas salgamos tomaremos rápida marcha, tu permanecerás tras de mi y en el momento en que estemos ante la avenida comenzaremos la incursión. 

Así continúa explicándole, desde como la avenida sería escrudiñada hasta la última piedra por las enormes linternas que desde el puente son dirigidas, enclavadas sobre el fuerte alemán en busca de cualquier asomo enemigo; hasta la posición donde totalmente inertes fueron abatidos Florian y Thomas. Trata de explicarle la más mínima acción y hasta posibles opciones ante cualquier contingencia que tuvieran que afrontar. 

Así inician su marcha rodeados de incertidumbre y adrenalina contenida a punto de derramar. Aunque obligados a llevar a cabo la encomienda bajo un profundo hermetismo por una correcta culminación y por su propia integridad. 

El plan fue concebido en ese mismo instante, considerando cada una de las condiciones que pudieran entorpecerla. El primer objetivo de tan peligrosa odisea sería el cuerpo de su gran amigo. Recordaba fácilmente la ubicación ya que había sido el lugar de donde había sacado al capitán Lynn a jaloneos. El plan como tal es muy arriesgado, sobretodo para Rick quien había dejado muy claro el proceder. Llegar al sitio donde ubicado estaba el cadáver de Florian no representaría mayor problema. El había sido abatido sobre la misma calle y no muy alejado del sitio donde se encontraban, no tan alejados de donde iniciaba aquella última cuadra. Allí mismo se separaría con rumbos totalmente opuestos y con objetivos muy contrastantes. Por un lado Henry tendría la encomienda de retirar el cuerpo de Florian del área de riesgo. No era necesario llevarlo hasta donde habían instalado su campamento, sólo alejarlo lo suficiente del brazo enemigo. Allí permanecería esperando el arribo del otro miembro. La responsabilidad de llegar hasta el cuerpo de Thomas sería de Rick, ya que sus habilidades en el avance silencioso le habían ganado el mote de “daga de niebla”, era letal en el cuerpo a cuerpo, pero su mayor virtud era el movimiento silencioso, capaz de ingresar con lentitud o rapidez por cualquier resquicio enemigo, tenía una rara cualidad que lo ayudaba, modificaba el latir de su corazón, pudiendo pasar días enteros a la espera, al acecho de sus víctimas sin realizar la más mínima acción. Sin duda un instinto depredador lo acompañaba cuando tomaba su papel. Él recordaba donde había caído Thomas así que parecía la mejor opción. Aunque para Henry, no todo era convencimiento, Rick se internaría a escasos metros del fuerte alemán que estaría infestado de soldados y aunque confiaba en sus habilidades tenía su propia estrategia a seguir. A regañadientes había aceptado las condiciones, consciente de que dejado el cuerpo de Florian en un seguro lugar, regresaría a brindarle apoyo a distancia si es que lo llegara a necesitar. 

Abandonados en la soledad de la habitación del abandonado hotel habían dejado toda su presencia, las pláticas y reclamos fueron sustituidos por un silencio y una soledad inquietante. No hay duda, se han puesto en el papel de la infiltración; a pasos cortos y rápidos semierguidos apuntando cualquier sutil indicio extraño en un estado de alerta absoluta. 

Dicho estado es una condición en la que el cuerpo se aísla de cualquier pensamiento y conjetura, en lugar de eso concentra la atención de todos los sentidos a distinguir cualquier muestra de peligro. Es volver nuestra percepción arisca, propensa a exaltarse al más mínimo asomo de la acción enemiga. No hay lugar para el nerviosismo o el titubeo de la que puede ser víctima el inexperto novato. Estos dos soldados lo hacen con maestría, la poca iluminación en este estado ya no es justificación para ser sorprendidos o ser tomados desprevenidos. Sin duda la práctica y experiencia en batallas pasadas han hecho mella en sus estrategias y en su manera de visualizar la lucha. Se conocen casi a la perfección y a pesar de ser un conjunto, han hecho del sigilo en la incursión un verdadero arte y en condiciones tan adversas es una manera ideal para rehuir a la muerte. Es increíble la velocidad a la que se desempeña el cerebro de Rick, en las mencionadas condiciones y rodeado del fusil alemán puede desenvolverse con una completa soltura y aunado a los cientos de posibilidades pre analizadas si algo llegara a salir mal, su tranquilidad y serenidad es de sorprender. 

Acallados y con contratiempos mínimos, recorren la mayor parte del recorrido hasta su primera meta. Se respaldan en los despojos de una antigua barbería. Su fachada principalmente formada de vidrios rotos no servirían mucho de refugio temporal, pero si para apartar su presencia de las poco eficaces, ante el arrecio de la lluvia, lámparas que titubeantes peinan la zona. La lluvia, aliada perfecta, irrumpió con aire milagroso, de otra forma difícilmente avanzarían tanto sin encontrarse de cara con el enemigo. Con su incesante precipitación formó una densa cortina que lo único que en ella se distinguía eran miles de pequeños brillos y destellos lanzados desde el interior de las gruesas gotas . Sólo un ojo altamente avivado sería capaz de distinguir formas  y movimientos definidos en aquella avenida en ruinas. Además el viento brinda su orquesta sonora aunado a la misma lluvia para proteger los ruidos, por más ordinarios y extraños que fueran. 

Allí Rick agita la mano señalando con dos dedos una ubicación, a media calle y a no más de 35 metros. En ese lugar, ante la desventaja de tener las lámparas de frente con su molesto destello, alcanza a notarse un montículo donde se ubica el primer objetivo de la misión. 

Rick entiende el mensaje y con el chasquido que despide el impacto de las suelas de las botas a cada paso, a cada impacto con las ligeras charcas acumuladas aquí y allá sobre el suelo. Inician aquel pequeño, pero muy angustiante recorrido que se ve descubierto por momentos desde el cielo por un cegador destello seguido de inmediato de un estruendo prolongado, como miles de cristales al ser despedazados por un pesado yunque. Se inmutan parcialmente por el relámpago y el trueno, no por la sorpresa del repentino folgorio, sino porque sus luminosos efectos los vuelvan visibles y fáciles blancos para los guardias desde el puente o en cualquier sitio al estar en la calle tan expuestos, ya que la tormenta comenzará a arreciar y los relámpagos más frecuentes. Sin embargo la conmoción proviene del sentido menos pensado cuando súbitamente es frenado su rápida marcha al impactarse contra Rick, quien de forma cuanto más extraña ha cesado su avance y permanecido inmóvil, con la mirada perdida en el suelo, perplejo mientras otro relámpago descubre su cara y deja al descubierto el lenguaje de sus gestos, gestos de incredulidad, angustia y temor se dibujan en ella y sus grandes ojos pardos atónitos buscan lo perdido sobre las ruinas. 

- ¡No está! ¡No está! ¡No está! – comienza a repetirse completamente ofuscado al tiempo que encorva pronunciadamente su cuerpo para con sus manos palpar el suelo donde hacia horas había muerto su mejor amigo. Su rostro delicado se descompone al hacer rápidos movimientos con sus manos, arrastrándolas por el suelo con un poco de vehemencia, sin importarle sean lastimadas o fracturarse los dedos al impactar con escombros punzantes mientras rastrea aquella zona apoyado en sus rodillas, - ¿Dónde está? ¿Dónde está? – exclama con fuerza mientras prosigue con su labor sin ningún resultado.





Capítulo VI: Punto de Quiebre



Lo que iba a ser un reclamo de Henry por el repentino impacto se vuelve en un anormal desconcierto, en los 3 años conociendo a Rick jamás había tenido oportunidad  de verlo en condiciones de tal abandono  al autocontrol. Lo interpreta con sus sentidos desbocados; fuera de sí. Es entonces cuando la piel se le ruboriza por una sensación desagradable y comprende lo que esta sucediendo y el por demás inaudito actuar de su compañero. Apenas se recupera del asombro inicial de una forma iracunda intenta ayudado por la pobre visibilidad hacer contacto con su mirada con el motivo de tan peligrosa encomienda. Es inútil, la gran pila de escombros donde había caído Florian dificultaba su búsqueda al protegerlos de las intermitentes lámparas, volviéndolos invisibles; sin embargo, tampoco era tan ciega para no poder distinguir un cuerpo humano a una distancia tan cercana.

- ¡Es inútil! Lo han tomado – clama Rick con voz debilitada por el asombro inicial y por una angustia creciente, aunque un poco más tranquilo después de la momentánea perdida de control. Abatido por el desconcierto hay miles de ideas que toman forma en su cerebro,  varias de ellas totalmente faltas de razón. No puede evitar el temor, el desasosiego, la tristeza y un poco la ira. Al considerar cada una de las ideas probables que han provocado este contratiempo. Y la amargura se acrecienta cuando comprende que en cierta manera ha fallado en regalarle a Florian y Thomas, lo más digno que se les puede a ofrecer después de haber muerto. Un regalo por el cuál no había dudado en arriesgar la vida.

Temeroso en demasía ante lo incierto clama, desde la lateral del montículo de escombro donde había permanecido sentado.

- No hay razón para continuar con esto – dice mientras masajea sus manos adolecidas por el ajetreo  a las que acaban de ser sujetos. No entiendo la razón que los ha hecho tomar los cuerpos de nuestros amigos, si para sepultarlos o lanzarlos a una fosa común. Yo no quiero eso, ellos merecen un lugar de descanso más personal y no pudrirse junto a cientos de desconocidos cuerpos.

Henry asiente con un tosco movimiento de cabeza, sin ocultar el asombro y amargura que el repentino giro de hechos provoca.

No me agrada para nada el rumbo que han tomado los acontecimientos; me desconcierta, pero sobretodo, me causa miedo. Un miedo que me invade y paraliza por dentro – continúa Rick expresándose con un claro dejo de tristeza e impotencia por reconocer lo inútil de su presencia en el lugar y preocupado por el destino que puedan tener los restos de ambos soldados. – Ya no hay razón para buscar a Thomas, así que abortaremos la misión y regresaremos con el mismo sigilo con el que hemos llegado. Mañana a primera hora reclamaremos los cuerpos como es debido.

- Creo que es lo mejor, esta incursión resultó dejar demasiadas interrogantes que merecen ser analizadas con mayor tranquilidad y cuidado – contesta Henry con su semblante deprimido y su voz un poco ronca mientras coloca sobre su hombro su arma.

Su semblante siempre había reflejado una tristeza crónica, cuando en situaciones donde se requería meticulosidad y concentración dicho ánimo era reflejado en sus ojos pardos, siempre activos e inquietos, pero con una pasividad y una falta de brillo que sólo venía a él cuando reía, cosa que con frecuencia ocurría cuando su amigo Florian conseguía arrancarle risas a un rostro que simulaba estar privado de ellas constantemente, como una huella imperecedera. Hoy aquellos intentos de alentarlo lo enternecían al recordarlo y un aire sobrecogedor lo abraza cuando roza sus dedos en un dije encontrado en el suelo mientras escudriñaba en él. Con las yemas de los dedos toca sus formas, una pequeña cruz de plata, cuyo brillo no le ayuda a resaltar, aunque para Rick es inconfundible. Amargura y pesar lo deprimen y una impotencia hiriente por desconocer el destino de su amigo lo agobia. Cierra su mano con fuerza y la resolución vuelve a su rostro.

 Apenas se incorporaban para reanudar su marcha de regreso cuando  un chillido punzante, raro  y hasta grotesco los afecta con un tétrico estremecimiento. En una noche llena de anormalidades las sorpresas y sobresaltos ya comienzan a inquietarlos, pocas cosas se comparan al repicar y desgarre al sentir la amputación de un miembro en la batalla al sentir el cuerpo lacerado por el proyectil o al exhalar el agonizante aliento en medio de una muerte dolorosa. Todo esto ambos soldados lo conocen y sin desearlo han llegado a asentirlo y asimilado; más hoy no parece ser un día común y su cordura se ha visto trastornada y permite a sus mentes atribuir tales acciones a razones raras y misteriosas, hace a sus mentes maquinar ideas cada vez más locas que las anteriores, cuando la fuente de ellas pudiera ser algo perfectamente normal y físico. Así juega a veces la mente con nuestros sentimientos, destruyendo nuestras percepciones.

Se han quedado helados, inmóviles, privados hasta de la más mínima reacción. Completamente inundados por un temor y angustia sofocantes, causado por un aullido que ha tocado susceptibilidades.

Con una reacción anormal han permanecido por varios minutos observando hacia el sitio desde donde nació aquel sonido; sin movimiento, sin acción y con sus pensamientos en un total caos, sin inmutarles en nada la fuerza de la ventisca que les golpea el rostro y la espectacularidad de un último relámpago, ajenos totalmente a su estruendo. Ni siquiera la angustia de ser descubiertos los preocupa ante el arropo de la inmovilidad impuesta por su mente perpleja, intentando explicar la clase de sonido del que se puede tratar. La mente de ambos soldados articula ideas faltas de todo sentido, nociones que pudiesen resultar irrisorias para un discernimiento en estado, pero el de ellos ha sido alterado y lesionado por la dirección turbia en la que se han encaminado los sucesos. Se palpa el temor en sus ojos y gestos y la idea de alejarse cuanto antes del sitio es analizada con más fuerza por Henry quien se dispone a romper el silencio molesto.

- Prepárate Henry, nuestra misión ha cambiado – clama sin apartar la vista en dirección al puente, al escondrijo desde donde se intuía que algo se estaba desarrollando – Así, completamente rodeado de contrariedades no me siento capaz de volver al campamento.

- ¿Crees que sea lo ideal? – contesta titubeante la afirmación de su compañero. Intenta negarse a si mismo ante una orden que si no la hubiera escuchado con claridad le parecería inverosímil. - ¿Qué es lo que buscamos realmente al internarnos a las fauces enemigas en este estado? – prosigue ahora más seguro de su observación y acercándose a Rick sin otro motivo que dejar clara su posición, aunque siempre resignado a lo que está por ocurrir.

- ¿Quieres saber lo que buscamos? Respuestas Henry,  aquí algo poco usual ocurre, no es curiosidad, es que mi corazón se niega a aceptar que se hayan apoderado de nuestros amigos, me luce repulsivo y si mi mente no aclara algo terminará trastornada por lo que algo perfectamente explicable se esté llevando a cabo. No me importaría dar mi vida ahora si a cambio tú pudieras regresar con los restos de nuestros amigos. A fin de cuentas ante estas circunstancias es donde se demuestra que la muerte, por hiriente y cruel que pudiera ser, se convierte en un escape y una pena y dejo de culpa a los que nos quedamos. Desde lo ocurrido me reprocho mi incapacidad de hacer algo por ellos, porque queda claro que hombres así no debieron morir. – prosigue ahora volteando hacia su compañero. – No estoy dispuesto a regresar con una losa aún más pesada que con la que iniciamos esta misión. No me quedaré con la sensación de que pude haber hecho más, algo que cambie los reproches que me hieren. – No pudo evitar derramar lágrimas y en varias ocasiones desaforar su voz, no era su estilo mostrar tanto de sí mismo; más quedaba claro que aquella tarde muchas costumbres y hábitos sufrirían una poco usual metamorfosis, ambos habían sido testigos de dichos cambios y los habían aceptado.

Henry calla un tiempo prolongado, el se consideraba un hombre común, sin grandes aspiraciones, pero veía a Rick como un ser autentico, sin el afán de demostrar nada ante los demás, sólo siguiendo sus propios ideales y preceptos. Él admiraba eso, tenía la idea de que estando  a su sombra podría aspirar a obtener algo de eso, ser un mejor ser humano y sin reproches.

- ¡Vamos! Cada instante que pasa nos volvemos más vulnerables, si la tormenta comienza a ceder estaremos en aprietos. No te preocupes, no estoy dispuesto a convertirme en un mártir de mis propios resentimientos, no realizaré nada loco ni entregaré mi vida, aún me esperan cosas maravillosas y mi destino sólo apunta hacia mi hogar; hacia el, en medio de este sinsentido, cada vez menos brillante destello que me evoca. – termina mientras Henry alcanza a distinguir una ligera risa, esto lo perturba ya que desde que inicio su charla no ha dejado de soltar lágrimas, remembrando algo que lo espera en su hogar sin duda, más nunca ha comentado qué, se sabe tan poco de él.

Henry ya había notado esa ambigüedad en las emociones de Rick. De cierta manera le infundía apego y mucho respeto su capacidad de reponerse a lo adverso.

- Te sigo, yo tampoco estoy dispuesto a acrecentar mi pena, la cual ya resulta muy molesta. – comenta con un tono renovado y con la misma seguridad abandonan aquel cúmulo de escombros y desechos que habían guarnecido sus acciones. Ahora iniciaba una nueva etapa que transformaría drásticamente sus vidas.

- Rick realiza señas con manos y dedos que Henry codifica de inmediato: “A partir de ahora solo podrán comunicarse con señas” y se apresura a asentir. Ahora ya son más visibles. Así, más turbados  que nunca da inicio esta nueva incursión a las mismas fauces del enemigo. Fauces que han demostrado ser implacables.

La ansiedad se palpa en el ambiente a cada sutil e imperceptible paso que realizan, aunque todo parece estar en calma, es una calma molesta y angustiante como aquella que antecede a la tempestad, no hay presencia enemiga aunque al seguir el hilo sonoro que resta de aquello que los estremeció saben que el encuentro es inevitable. La tranquilidad disfrazada hace recordar como las aguas de los mares retroceden en las playas instantes antes de volver violentamente en forma de un devastador tsunami. Ambos soldados conocen a la perfección tal sensación, aunque hoy todo se ha teñido de un matiz anormal que asfixia los sentidos.
Sin haberlo notado han gastado en la misión la mitad de la noche y es a escasos 30 metros de un edificio que inexplicablemente había sido inmune a la destrucción del área. Rick conocía el sitio, allí notó ya sin tanta extrañeza la ausencia del cuerpo de Thomas, en el interior de una semidestruída casa habitación con boquetes por todos lados. Había sentido algo oscuro y dramático cuando con gran esfuerzo logró avanzar hasta esta zona. Fue entonces que impotente notó como caía Thomas de manera fulminante al ser su cuerpo casi descuartizado al sorprenderlos la metralla. En ese instante asimiló la realidad, nunca hubo siquiera la más mínima posibilidad desde el inicio, desde la misma planeación era una estrategia prácticamente deficiente y el apoyo prometido nunca llegaría, la realidad es que nunca hubo un ataque verdadero. Él había terminado de forma rápida y ágil con cuanto enemigo encontrado, pero al llegar a este punto chocó con un muro de fuerzas enemigas. No fue capaz siquiera de sacar a su amigo de aquel infierno al ser herido en el brazo y serle arrancado el cuerpo que con éste cargaba. Todo se convirtió en un caos y aún ahora no puede recordar todos los detalles del suceso, sólo alejarse entre las huellas de destrucción que como laberintos habían formado las edificaciones; perseguido y asediado por el brazo enemigo que no estaba dispuesto a dejar pasar la afrenta.
Su semblante de agobio muta al de sorpresa al comenzar a escuchar varias voces a su alrededor, de hecho siempre estuvieron allí, pero su precisión de movimientos evitaron que se encontraran. Ahora el temor a ser descubiertos los hace imaginar que son rodeados por cientos de voces. Hay un temor razonable; sin embargo, tanto Rick como Henry no son inmutados en demasía ante tal situación, sobretodo Rick, quien en varias misiones totalmente camuflado en absoluta quietud casi podía sentir las respiraciones enemigas mientras su mente solo analizaba el momento idóneo para dar rienda suelta a su letal ataque.

Es así que en un silencio tajante deciden dirigirse al edificio en pie desde donde fue lanzado ese repulsivo graznido que causó en ellos tal sobresalto. En momentos en cuclillas, otras arrastrándose, cada instante y cada centímetro transcurrido se vuelve punzante, advirtiendo las voces enemigas en ese extraño lenguaje, no se escuchan en alerta, pero por su número les representa una condena de muerte.

El entorno está colmado de soldados alemanes. La sorpresa es grande cuando se escuchan sonidos hasta del camino recorrido. Indudable es que tiene  un gran mérito el haber realizado todo este trayecto sin haber sido descubiertos, aunque Rick lo siente como un error garrafal haberse movido tanto sin ser conscientes ni notar tal cantidad de presencia enemiga. La lluvia les jugó a favor y ahora todo indica que también les dio la espalda.

Lo ideal sería volver ahora que la lluvia aún es abundante, no obstante han llegado a los pies del muro del salón, ése último antes de llegar al puente y a la guarnición enemiga, ése desde el que en su interior fue lanzado un grito desaforado. Ambos soldados recargan sus espaldas sobre la pared oeste de tal gran edificio. A escasos tres metros a su derecha está la esquina en cuyo ángulo se unen la pared lateral donde están ellos con la fachada de la enorme construcción, de un acabado tosco y sin vida. Allí oyen voces de los hombres que resguardan la entrada, sobre la calle, como si algo importante, trascendente o de gran valor se guardara aquí, tal vez provisiones o las municiones enemigas, no obstante, sería muy estúpido guardar suministros fuera de la protección y en pleno fuego cruzado, esta posibilidad se desecha de inmediato. Toda la atención ha sido fijada en tal lugar, custodiado por varios hombres, no están a la vista, pero basta notar la diversidad de hablas para llegar a esta conclusión.

Indudablemente algo ha cambiado, parece inexplicable como en el camino andado se comienzan a ver ases de luz de lámparas hurgando entre las sombras. La lluvia ha cedido su fuerza, parece buscar traicionarlos. Los sedujo a entrar a una trampa maldita y ahora los abandona en ella retirándoles su cobijo. La inquietud los atosiga mientras se recargan en el firme muro. No pueden afirmar con seguridad que han sido descubiertas sus presencias, más el comportamiento enemigo indica que por lo menos hay una sospecha. Para ellos no hay otro camino, intentar volver luce lo ideal, ocultos entre los escombros de las ruinas, alejados del intemperismo de la calle, les brinda una oportunidad de escapar de tal encrucijada. Aunque estas son conjeturas de Henry quien desconoce por completo los pensamientos que rondan por la mente de Rick, el cuál extrañamente nota que lleva tiempo sin darle ninguna indicación.

Una luminosidad y unos pasos que la acompañan parecen acercarse a escasos metros sobre la calle. Henry queda en shock, paralizado. Su rostro pasmado irradia indecisión, angustia provocada por no saber como proceder. Siempre ha combatido, aún así hoy no alcanza a visualizar si atacar y dar alerta sea lo mejor. Tendrían que  entrar en combate prácticamente rodeados y en franca desventaja por estar lo más cerca que nunca del campamento alemán y además sin haber podido responder a tantas interrogantes. Henry lo piensa y analiza, pero es claro que el no tiene la visión, la lucidez y sagacidad de la que su compañero hace gala. Así que busca hablar con él, busca cualquier seña que le indique su proseguir girando ligera y lentamente la cabeza para tener contacto visual, pálido nota que ya no está a su lado, arrastrándose y ya falto de toda cautela se desplaza entre los escombros hacia un boquete que algún proyectil formó en un ataque pasado sobre el a simple vista impenetrable muro, desde allí luz de candelabros y fuego del interior se escapa dando forma a un espacio de luminosidad que baña esa zona de dos metros y medio que separan al edificio de la construcción aledaña de la que ellos provenían. El estar alejados de tal espacio luminoso los ocultaba en las penumbras, pero Rick seducido extrañamente no le importa alejarse de esa protección más, algo dentro de sí lo hala hacia ese hoyo de no más de metro y medio de circunferencia, intuye que allí se guardan las respuestas que de manera ansiosa está buscando ya sin ningún cuidado.

La mirada desencajada de Henry luce como mala seña, es incapaz de entender el comportamiento de su amigo, ya que con su descuido está arriesgando la vida de ambos, acciones que nunca pasaron por su cabeza.
Su corazón palpita a mil cuando puede escuchar ambos contrastes, la marcha y la lámpara buscando cualquier indicio hostil y el arrastre bastante sonoro y rápido que lleva a cabo su compañero. Él queda en medio, cercano a aquella esquina con la fachada del edificio. Da un último vistazo al recorrido hacia la calle por donde se acerca el guardia y su sangre se hiela de improvisto cuando descubre como  la silueta del hombre alista su arma para ser accionada de forma totalmente serena, quizá incrédulo por lo que ve. Un escalofrío cimbra su ser, desesperación, angustia y temor a la muerte lo embargan. Más todo parece llevarse  a cabo en una pausa total. Asombrado descubre que no es a él a quien se le está apuntando, voltea sin prisa y ve el rostro de Rick al descubierto por la luz que escapa desde el interior. Tarda un tanto en caer en cuenta de lo que sucede y entender lo que prosigue

Mientras tanto el rostro de Rick ahora refleja sus sensaciones y emociones por lo que atónito contempla. Un gesto acongojado y que ve  su mirada y ademanes transformarse, del impacto y shock inicial que las perturbadoras imágenes provenientes de aquel salón le produjeron pasa a la opresión mientras sus ojos se derraman en llanto incontrolable formándole un nudo en la garganta. Un nuevo chillido más alto que el anterior le produce un espasmo.  Finalmente sus ojos entre lágrimas se llenan de ira desmedida, de una furia que crece velozmente y que lo hacen olvidarse de todo y activar su cuerpo. Con una detonación cuyo  rugido viaja por cada rincón y alerta a todo el campamento se da fin a la incursión sigilosa. Se escucha el disparo al mismo tiempo que Rick se incorpora y totalmente embravecido se interna en el edificio disparando y vociferando a toda voz ante una situación que considera, además de siniestra, imperdonable. Las luces se encienden y los soldados corren hacia donde esta llevándose el tumulto para desencadenar un fiero y crudo combate.










Capítulo VII: Escape



Tuve la oportunidad de ser diferente, de transformar mi  fétido destino y mi deseo solo ha servido para  acarrear la nube de muerte sobre los demás. Lo imperfecto, lo defectuoso siempre dará resultados  acordes  a su condición atrofiada. Desde mi comodidad deprimente busque un giro a mi vida, algo de ensalce a mi rutina hoy aquí en mi caída mas profunda  la vida se burla de mi osadía, de mi estupidez disfrazada de ingenuidad.

Pensamientos que inundan a un alma turbada, a una mente que constantemente  luchaba con un sentimiento de incapacidad, de impotencia y que se cree limitado de cualquier valor. Una persona que supo sobrellevar todas estas emociones, pero hoy la suerte o quizá el destino lo han obligado a sentirse vencido por fantasmas creados por si mismo desde que alcanza a tener memoria, lo hiere ver a esos seres imaginarios sin forma saciarse de su derrota con la burla, buscando dejarle claro cual es su verdadera naturaleza. Así ha vivido siempre el capitán Lynn, en un estado de negación de sus carencias.

Las risas y las burlas de su mente las escucha tan claras como si aquel oscuro salón fuera el escenario de una obra de teatro fallida.

Avispa la mirada en el salón duditabundo, su mente se cierra y deja de responderle como en ocasiones pasadas. Hay en él pensamientos depresivos y de autocompasión. Se sabe acabado, un cuerpo andante que sólo necesita una bala para alcanzar su destrucción completa. Dicha idea ya la había considerado en alguna otra ocasión, más la apartaba de inmediato considerando que era desleal, falto de valor y es que, aunque tenía claros sentimientos de inferioridad, guardaba un celoso orgullo, quizá falso también, además de un marcado carácter forjado en el seno de una familia religiosa.

- ¿Pero qué es Dios? Si existe tal hoy me ha dado la espalda. A él me aferré mucho tiempo, a su falsa bondad y juicio. – Se murmura mientras su vista busca fijarse en cada miembro de la sala. Matt muy cerca de él, ya vencido buscando descanso. Ve su rostro cuya imagen se desvanece y aclara al ritmo del baile somnoliento que una lámpara ofrece desde el centro de la habitación. El joven le inspira un sentimiento extraño, no lo entiende bien, hasta hace unas horas era su subordinado, podía ver en ese momento en los ojos del chico admiración y respeto que lo embriagaban y en el estado actual se pregunta cual es su lugar, cuantos escalones ha caído en aquella pirámide donde se sentía la cúspide.

En sus ojos hay un rastro de frialdad, se puede decir que de muerte, con ellos fija la atención aún más en Matt, como si aquella vista tenebrosa pudiera tener algún efecto sobre el somnoliento y jovial soldado. Lo ve frágil, falto de toda defensa, es un misterio lo que aquella mente articula mientras clava aún más la mirada. Más en una mezcla extraña de temor y sobresalto la aparta al escuchar un tosido de una reseca garganta que apartado en la esquina despide Lance.

El capitán respira exaltado, allá un poco alejado Lance hace guardia, se ofreció para permitirle a Matt un descanso después de un día muy pesado cuidando a Ralph, allí sentado con el arma al pecho no ha sido capaz de advertir su extraño comportamiento, pero le ha servido para abandonar y apartar esa rara situación en la que se estaba enfrascando. Ahora Lance ocupa su atención, aunque alerta no puede verlo ya que lo único que el mueve son sus ojos negros. Con ellos se puede sentir ese raro sentimiento que evocan, algo así como sensaciones contrastantes, idas y vueltas a la realidad, una lucha constante por tomar el control, al momento que su cabeza se sumerge de nueva cuenta en locos pensamientos. Se sabe en el fondo acabado, pero sobretodo se sabe parcialmente muerto, todo ha muerto en él, solo su cuerpo por cobardía se negó a aceptar su destino y hoy lo lamenta amargamente.

- Quisiera tener el valor para terminar, si Dios me quisiera me daría una nueva oportunidad, si apreciara en algo mi devoción no estaría sumido en un escaño tan podrido y fétido. Más no lo está, ya me lo ha demostrado, de hecho jamás lo ha estado. Ha renegado de mí y quien no lo haría ante un ser tan inservible, famélico e imperfecto. Quisiera tener el valor yo mismo, la fuerza para salvarme de las podridas ciénagas en las que me hundo. De Dios ya no quiero esperarlo, hoy anhelo más que nunca ese garfio al cual aferrarme que me libre de mi destino. Un destino que a cada hecho que llevo a cabo, a cada instante que transcurre se vuelve más infranqueable, se ha vuelto mi nido último de descanso, libertad y escape. – Piensa mientras decae.

Sus ojos no lloran, pocas veces lo han hecho, a veces por fingir ser rudo, en otras por la falta de un estímulo verdadero que lo amerite. Siguen los murmullos en su cabeza, las burlas, es tal la situación que su respiración aumenta de improvisto, como si una lucha en su interior se librara, una batalla por determinar el hilo de su destino. Las burlas le duelen tanto que voltea a ver incrédulo a sus compañeros, con un poco de resentimiento al imaginar que desde ellos se despiden, que se divierten de su estupidez. Allí es cuando viene a él un pensamiento, una clave para librarse de este embrollo.

Son dos las ideas que su pobre cerebro logró colocar a su consideración, las dos  igual de locas y cobardes, muestra de su debilidad disfrazada de altanería. La primera trata de buscar volver a su estado anterior, apartar de tajo cada una de las acciones que por suerte, lo cree, solo unos cuántos han sido testigos, eso juega a su favor, piensa. Su mirada infunde temor, como claro indicio de lo que imagina, ver  a sus soldados tan propensos lo hacen ver todo de manera distinta, despiden malicia. Faltos de pudor reflejan un poco de desvarío. Que fácil sería, seguiría igual muerto, como antes, pero podría volver al lugar que tontamente dejé para estar aquí. Mi dignidad deshecha, aunque sólo yo lo sabría y lucharía para regenerarla. Quisiera borrar este día, de la forma que sea quisiera eliminar todo lo que me lo recuerde, eso alejaría un poco la distancia con eso que sin duda me espera. El matarlos me daría vida, continúa mientras que respira hondo y sus ojos brillan. Sería mi renacer.

¿Pero que digo? ¿A quién intento engañar? Busco redención de la manera más estúpida, pero es que ¿Hasta donde ha llegado mi bajeza? Mi condición se acerca a lo ridículo y lo grotesco, buscar expiar mis culpas eliminando a aquellos han sido testigos de mi vileza, infamia, de mi nulidad, de mi perfecta incompetencia, como si eso al fin me liberará. Como si con tal acto pudiera borrar aquello que me produce asco, - sonríe un poco, una sonrisa de lástima y de nerviosismo por lo que esta pensando.  Solo existe una forma de borrar mi podredumbre.

- Un alma a quien Dios mismo ha abandonado no tiene ya motivos para sostenerse, un alma para la cuál su familia y el sobrevalorado amor nunca han sido su apoyo. Eso soy yo, un ser sin ningún apego, sin aderezo a su existencia y tontamente buscando reconocimiento, negándome a creer que de mi solo se despide mediocridad, destinado a estar permanentemente arañando el suelo mientras mi mente engañada se imaginaba acariciar el firmamento. ¡Vaya falacia! ¡Vaya atrevimiento! Debio haber pensado Dios entre burlas.

Los ojos del capitán Lynn lucen ausentes mientras todo esto se desencadena en su mente, faltos de brillo, parecen sin vida, como perdidos en la oscuridad, ensimismándose cada vez más, al tiempo que aquellas voces de su cabeza consiguen derrotarlo, hoy luce más vencido que nunca, convenciéndose mientras mas lo piensa de su insignificancia.

- He vivido al momento, sin metas claras autoimpuestas, viviendo con vaguedad y desazón bajo la dirección de otros, el afecto de una cariñosa madre no pudo opacar lo hiriente de la indiferencia de un duro padre, quizá buscaron moldearme a su antojo, más no pudieron darle forma a mi mente, la fuente de todas mis carencias y vicios. Ni siquiera el cariño, el deseo y el amor  de mi prometida lograron alentarme; aún ella un cambio impuesto no de mi elección. La única manera que encontré para transformar mi asfixiante existencia, vino a mi como un rayo de luz, un rayo de esperanza que me arrancaba de las garras de mi cruel destino, ese escape que siempre ha estado en mi camino, pero que en medio de mi sobrevaloro me negaba a consentir, esta guerra se me presentó como mi salvación. Imaginé la mano del Salvador compadecido ante mi inminente caída y me abracé a ese destello. ¡Qué estúpido!, sólo un ser anormal y con su mente en desvarío es capaz de encontrar en la muerte y la destrucción su dicha y alegría.

Las voces de seres psicodélicos lo han quebrado completamente, lo gallardo y orgulloso han desaparecido, no es que no sufra la muerte de sus soldados, es sólo que ha sido solo una gota más que derramó el vaso. Todo se ha unido para vencerle, se siente burlado por aquello que el llegó a ver como su esperanza, hoy comprende que no hay más lucha para él, ha perdido lo elemental: el deseo de vivir.

Ha pasado gran parte de la noche, se ha mantenido ajeno a su entorno y al paso de este, a la llegada del viento, al arrecio de la tormenta. Aquella sala semi iluminada no le representa nada, siempre ha sentido la amargura de la soledad, como un mal crónico, ausente de las alegrías de la vida  y bebiendo constantemente las tristezas, un ser deprimido, caído, destrozado y que ahora abraza su arma, una Colt M1911 que simbolizaba su rango y ahora no significa nada, da razón a sus temores que constantemente lo cuestionaban dentro de si; un error como él debe morir para escapar de la angustia, de la culpa y de la vergüenza.

Sus ojos cerrados desprenden lágrimas, cosa bastante rara en él, se dibuja una sutil sonrisa que deja ver resignación, cierta aceptación a una condena que ya conocía desde hace muchísimo tiempo, desde joven, pero que renegaba de ella. Lentamente abre sus ojos negros, muy apesadumbrados, contemplan sin ninguna extrañeza la primera claridad del nuevo día, abren de su sueño más profundo, aquel que lo transportó al centro de su humanidad y para el cuál no necesito dormir, aunque en ellos no se ve señal de vida desprenden destrucción, sus ojos no ven, pero han sido descuartizados sus deseos, anhelos, sueños, angustias, temores; todo aquello que creía de su pertenencia ahora se drenan en abundantes lágrimas, a pesar de todos sus defectos y carencias él se quería y hasta se amaba. Sus lágrimas caen al tiempo que finalmente mueve su mano llevando su revólver de manera pausada, sin prisa pero sin contratiempo, ya no hay nada en sus ojos ni en su mente.

Aquellos seres que lo atormentaban finalmente lo han dejado en paz, han cumplido lo que deseaban, él es incapaz de razonar, incluso cuando quita el seguro de su revolver y lo coloca sobre su entrepierna. Recoge sus rodillas para ocultar lo que se presta a hacer. Ni recuerdos ni alegrías pasan por su mente, un acto instintivo lo hace bajar su cabeza mientras no cesa su llanto, desciende hasta su frente tocar sus rodillas y hasta donde también lo espera el cañón desde donde saldrá aquella partícula que le ofrece la liberación. Traga saliva, solloza un poco y con un valor inusitado en él impulsa sus pulgares fuera de toda duda. Un impacto cimbra toda la habitación alerta a sus inquilinos, Lance y Matt por la sonoridad y cercanía del escándalo se alteran, uno despertando abruptamente de un profundo sueño, el otro quien siendo el guardia nunca lo notó, ambos se quedan completamente atónitos contemplando mientras los oscuros ojos del capitán Lynn ven fijamente incrédulos, temerosos, con cierto pánico hacia la pesada puerta de aquella habitación que acaba de ser azotada, abierta con furia. Allí la silueta de un hombre se dibuja, enorme, trayendo tras de si los primeros rayos del sol. Todo es incertidumbre y confusión y se acrecienta cuando con una furia similar arroja a alguien que traía con él, el capitán Lynn contempla como un frágil cuerpo vuela por los aires para caer pesadamente en el suelo sin desprender ningún ruido ni queja, ni el más sutil. Parece un trato cruel, mientras que en suaves y delicadas telas se eleva una cabeza de cabellos largos oscuros como el abismo. El Capitán es un caos de emociones y con sus ojos más abiertos que nunca ve como desde la maraña de lacios cabellos un rostro joven se asoma, con unos ojos claros llenos de detalles, pero que no son capaces de mostrar ningún tipo de reacción y emoción, aún cuando han sido sujetos a tal nivel de barbarie, solo buscan sin encontrar, acompañando al más bello rostro imaginado, pero que provoca un sin fin y contrastante cúmulo de emociones al estar palpada en sangre.

- ¡Atiéndala capitán Lynn! – resuena desde la puerta una voz conocida, pero totalmente transformada.

Al Capitán todo le parece irreal, mientras que voltea a ver temeroso esa silueta que también se asoma por la puerta. Los rayos del sol solo le permiten percibir la forma, pero identifica quien es, aunque duda que a él puedan pertenecer aquellos ojos tan llenos de ira, furia y hasta desprecio que lo atemorizan en sobremanera.

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El vacìo del corazòn por Rik se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 3.0 Unported.
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