Relato: El divagar de un Ingeniero

Tengo muchísimo que no escribo nada, se vinieron las fiestas de Navidad y por lo general me pierdo en estas fechas, aunque ha aumentado un poco el número de lectores al blog, la finalidad principal de éste era poder postear y compartír lo que escribía. No dejaré ninguno de estos proyectos y es por esto que se inicia uno nuevo. Lo siguiente será colocar un relato de Navidad, dos o tres poemas y El cuarto capítulo de mi historia, para los que siguen el blog por los escritos no los dejaré abandonados. ; ) Ya en serio equilibraré más las cosas.




El divagar

Para mi era un dia como cualquier otro, sentado en el salón de clases, inmerso en pensamientos banales que poco o nula importancia tenían, divagar en tonterías era lo que ocupaba la mayor parte de mi tiempo.
- ¿Qué haría si me ganara la lotería? ¡Haaaa! - respiro con melancolía, - todo sería tan diferente, ya lo imagino me compraría un carro, ¡un Ferrari! ¡No! mejor uno de esos carros de Mc Laren que se dice son los mas rápidos. Mmmm... pero creo que solo tienen lugar para el piloto, no habría espacio para subir a la chica. Bueno, mejor el Ferrari... - Estos pensamientos y otros mas estúpidos pasaron por mi mente en el transcurso de la hora. Mientras percibía ciertos murmullos que parecían provenir de un lugar muy alejado, no les daba mucha importancia. Tenía mucha mas trascendencia el decidir donde pondría mi ostentosa residencia para que toda la ciudad fuera capaz de verla. Que todo mundo admirara hasta donde había sido capaz de llegar ese pobre pendejillo; todo esto claro gracias a un boleto de lotería.

- ¡Leonardo! - resuena fuerte la voz cerca de mis oídos. Esta rápidamente me saca de aquel mundo fantástico que ya había formado en mi cabeza.

- ¿Sí? ¿Qué pasa Ingeniero? - Replico rápidamente, con una voz afectada por el asombro y la preocupación.

- Parece ser que se la esta pasando muy bien, me gustaría que usara esta clase para algo mas que solo venir a dormitar y a pasar el rato. - Me decía mientras colocaba una de sus manos sobre la cintura y con un claro dejo de molestia en su rostro.

- No ingeniero, no estaba dormitando, le estaba poniendo atención, lo que pasa es que me comenzó a doler un poco la cabeza y creí que era por las lámparas, es por eso que cerré los ojos. - Decía con una voz entre medio cortada para darle un fingido aire de preocupación. - ¡Soy un maestro, jajajaja! - me decía a mi mismo mientras de reojo veía la cara atenta de mis compañeros, que en cierta manera ya sabían en que terminaría todo esto.

- ¿Haaa sí? ¿Por eso también recargó la cara en su pupitre verdad? Pero esta bien, ¿Quiere decir que estaba escuchando lo que decía, por lo tanto supongo que también lo entendió?

- ¡Si Ingeniero! - asistí casi de inmediato y de manera chuscamente apresurada, mientras se escuchaban algunas risas de mis compañeros, que siempre buscaban la manera de pasarse un buen rato. Esta era una respuesta muy mía, aunque en esta ocasión no sabía si tendría tanta suerte.

- ¡Muy bien! - replica el ingeniero un tanto molesto por el hecho que esto se comience a convertir en algo divertido para los alumnos. - Entonces digame un ejemplo de miembros sujetos a flexión, - el tono de su voz se ha vuelto firme e inquisitivo. Planea darme una lección.

- ¡El ingeniero Peña! - me decía a mi mismo, - siempre molestándose porque uno dormita en su clase y no se preocupa por hacerla un poco mas amena. Yo no tengo la culpa que le haya tocado la mala suerte de ser la última clase. ¿Quién en su sano juicio estaría aún escuchándolo atentamente a las 8:50 de la noche?

- ¡Yo Ingeniero!¡Yo! - se escucha una voz avivada proveniente de algún lado de el aula.

- ¡Ese infeliz de Paco! ¿Qué le pasa? - pienso mientras volteo la mirada a la primera banca de mi fila, esa que esta mas cerca del pizarrón, - Este estúpido siempre queriendo llamar la atención, esta bien ser inteligente pero ya molesta encontrar gente tan lame suelas. - Prosigo en mis conjeturas mientras clavo la mirada en él como diciendo: - ¡eres un maldito desgraciado, estúpido nerd! - El solo me contesta con una sonrisa en cierta forma alegre y puede ser también que un poco burlona. Ya dejo de mirarlo me cae bien.

Se encienden las enormes lámparas del campo de fútbol, creo que hoy habrá entrenamiento.

- ¿Y bien? ¿Cuál es la respuesta? - continúa el Ingeniero que no tuvo la molestia siquiera de voltear a ver a Paco, es obvio que lo que quiere es acomodarme.

- Pues las vigas son un claro ejemplo de miembros sujetos a flexión Ingeniero, ya que se caracterizan porque sus cargas actúan de forma transversal. - Paro de hablar de inmediato, mientras que mi rostro comienza a reflejar algunas facciones alegres, volteo a ver algunos de mis compañeros cuyas miradas quedan fijas y expectantes. Pobres, puede ser que esperen saber si la respuesta es correcta o no, ya que muchos de ellos no lo saben y otros se encontraban en el mismo caso que yo lo estaba, divagando.

Veo molestia en el rostro del ingeniero, no es la primera vez que se lo hacía, y tal vez el recordarlo lo hacía irritarse aún mas. - Esta bien - me dice mientras me mira con una clara mueca en su rostro, se aleja sin apartarme la mirada por unos instantes como tratándo de decirme: "me las vas a pagar, ríete pero me las vas a pagar." Yo no reía en tono burlón, mas bien sonreía de satisfacción de haber pasado aquella prueba de la manera correcta. Creo que lo malinterpretó. Continúo sentado (aquí no acostumbramos levantarnos cuando el profesor nos llama, después de todo ya somos universitarios), volteo a ver a mis compañeros que me sonríen como alegrándose de que todo haya pasado y también por que no decirlo, un poco admirados. Yo les devuelvo la sonrisa también. Me agradan todos mis compañeros. Una mano que se apoya en mi hombro llama mi atención, volteo un poco la mirada disimuladamente mientras recargo un poco la espalda en el respaldo del pupitre para poder escuchar mejor.

- Ya bájale, un día terminará desquitándose, ya no le des mas motivos. - Me dice Rocío con una voz suave y tierna, la cual refleja una verdadera preocupación, mientras acerca su rostro a mí, y pone sus labios junto a mis oídos tratando de estar lo mas cerca posible para poder hablar en el tono mas bajo en el que le pudiera entender. Es mas que obvio que le gusto.

- ¡No te preocupes! Yo no tengo la culpa que esa parte ya la haya leído, y no creo que se haya molestado. De hecho hasta creo que le caigo bien. - Le contesto también en un tono bajo tratando de evitar inmutar de nuevo la tranquilidad del salón. Lo de caerle bien al Ingeniero Peña realmente lo creía así, siempre lo trataba con respeto y lo saludaba de forma cordial, aunque pronto se le presentaría la oportunidad de darme mi merecido y la aprovecharía, y de que forma.

- Ya pueden retirarse la clase ha terminado - Dice el ingeniero en un tono un poco desganado como la mayoría de los que estamos sentados, ya la hora nos afecta. Todos tomamos nuestros cuadernos y lápices y los guardamos rápidamente en la mochila. Se escuchan risas y pláticas por todo el salón. Siempre es reconfortante y alegre el término de una jornada escolar. Nos apresuramos de manera vertiginosa a la salida entre empujones y gritos.

Ya el catedrático se había retirado. Se comienzan a escuchar gritos y unas cuantas palabras altisonantes de molestia. Es ese estúpido de Paco de nuevo queriendo llamar la atención. Coloca sus manos en los marcos de la salida y los agarra con firmeza. Se queda allí estorbando en la salida, es grande de estatura y de cuerpo e impide que salgamos y se forma una pequeña bola de unas 12 personas, amontonadas tratando de salir.

- ¡Heeee, heeee, heeee! - gritan unos - ¡Quítate pinche Paco! - le gritan otros, a alguien se le ocurre apagar las luces del salón y todos comenzamos a gritar como nenas, parece una fiesta.

- ¡Ya Robe! pícale el trasero para que se quite el pendejo. - grita alguien.

- ¡Eso es lo quieres verdad chiquilla! - le dice en un tono un tanto cariñoso Roberto. Es el que se encuentra mas cerca. Paco al sentir lo que se venía se retira rápidamente con movimientos por demás gráciles.

- ¡Me cae que son bien jotos! - dice Jazmín tratando de darle solemnidad a su tono de voz.

- ¡Tu cállate Jazmona! - le gritan mientras caminamos por el pasillo con dirección a la escalera, haciendo alusión a una característica de su aspecto. El ingeniero Peña se quedó en el respaldo de la escalera riendo de todo el alboroto que habíamos formado junto con uno de los intendentes. Nos podíamos tomar tantas libertades porque a esas horas ya éramos los únicos en toda la Institución.

Siempre reíamos, aunque claro, hay que decirlo; parecíamos mas un grupo de Kínder Garden que un grupo de futuros ingenieros.

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